Julio Burdman: “La crisis del coronavirus plantea una geopolítica global, que va más allá de las relaciones internacionales”

Junto a Julio Burdman analizamos el desarrollo y los posibles impactos de la pandemia del COVID-19. Cómo será el juego de poder luego del coronavirus, cómo afectará la actuación de los principales líderes mundiales a su gestión y qué conclusiones pueden desprenderse del accionar de los organismos multilaterales para enfrentar la crisis sanitaria global.

Por Damián Szvalb / @DamianSz / info@zoominternacional.com

¿Cree que la pandemia del Coronavirus generará una reconfiguración del esquema de poder mundial?

Lo del poder no lo sabemos aún, pero en principio esto altera la espacialización social, con posibles consecuencias en la conciencia que tenemos sobre lo global, lo público y las relaciones interpersonales. Es una emergencia sanitaria global que movilizó a las autoridades políticas nacionales y locales, que activó el poder de los estados nacionales para implementar las medidas de emergencia. Y también de los estados provinciales y locales para implementar las políticas de los estados nacionales -o las suyas propias- y el conocimiento global. Lo público está en primer plano y todo poder que se haga cargo de lo público, también.

Otro cambio espacial de la pandemia genera es que divide a las zonas según su riesgo sanitario. Los grandes centros urbanos, como Nueva York o Madrid, son los focos del contagio y los que están bajo las medidas de emergencia, mientras que las zonas rurales o menos pobladas lo viven de otra forma. Van apareciendo las fronteras internas y los lugares estigmatizados.

¿Cómo evalúa el rol de los principales líderes mundiales ante la pandemia del Coronavirus?

La principal novedad es el rol que adquiere China. Ahí apareció el virus, ahí se desarrolló el mayor conocimiento sobre la crisis, y ahora está ayudando a otros países. China está demostrando una ambición de liderazgo mundial en esta crisis, porque quiere ocupar un rol y también quiere evitar un brote de sinofobia en algunas sociedades y líderes políticos mundiales. Que, como en el caso de Trump, quieren politizar el origen del virus y prácticamente le dicen a sus votantes que es una suerte de arma biológica china.

Otro fenómeno a evaluar es el de líderes populistas como Trump, Johnson, López Obrador, Bolsonaro, entre otros, que tienen mucha influencia en los asuntos mundiales. Todos ellos inicialmente tuvieron una reacción de desconfianza, se resistieron al modelo de la cuarentena y aislamiento, y también a la forma en que China había manejado las cosas en Wuhan. A su vez, creyeron que ponerse del lado de la población era preocuparse más por la situación económica que por la sanitaria. De hecho, las encuestas decían y siguen diciendo eso: que mucha gente tiene más miedo a empobrecerse que a contagiarse.

Otra novedad que trajo el virus es la ausencia de la Unión Europea, que no tiene coordinación a nivel de política de salud. Al ser la cuestión de salud pública un tema de los estados nacionales de bienestar, la UE quedó sin voz ni políticas. Esto podrá traer consecuencias en los próximos años en la consideración que sus ciudadanos tienen del espacio europeo. Muchos españoles, italianos y franceses se preguntan: ¿de qué sirve la UE si no está ahora?

¿Cree que cuando todo esto pase se puede profundizar el clivaje nacionalismos vs globalización que ya estaba muy presente en el mundo, sobre todo en Europa?

Tomaría con pinzas el clivaje nacionalismos vs globalización. Por un lado, porque lo que hay es una reivindicación de las funciones sociales del estado de bienestar, que son nacionales, pero eso no es lo mismo que nacionalismo. Y por el otro, porque hay un mecanismo profundamente global en todo esto. Las naciones y las relaciones entre ellas quedan en un segundo plano en un contexto de pandemia planetaria. No es casual que los líderes que quisieron cortarse solos en el tratamiento de la pandemia quedaron en off side. Quienes lo intentaron, terminaron acomodándose a un método de alcance global. No hubo respuestas autárquicas de los países a la crisis, por más que haya habido algunas diferencias en la forma de abordarla. Para el análisis político me parece que va a ser más fructífero analizar las diferencias ante la crisis entre líderes populistas versus tecnocráticos, que entre nacionalistas versus globalistas.

Países como China y Corea del Sur, con férreos sistemas de control social a través de la coerción (China) y del uso indiscriminado de la tecnología (Corea), pudieron responder a esta crisis de manera más eficiente que las democracias occidentales. ¿Cree que esto puede hacer que aquellos sectores llamados «iliberales» que buscan ganar terreno en occidente consigan más apoyo de sus sociedades cuando todo esto pase?

No se si la mayor eficacia de China -si esto finalmente es así, todavía estamos en plena crisis y no podemos evaluar bien eso- es un tema cultural. China tiene un estado que planifica más y que aplica sus políticas más coercitivamente, de eso no hay duda. Pero hay países occidentales que también actuaron como China. Como decía antes, creo que lo primero que vemos es que, ante lo que vimos en Wuhan, hubo líderes políticos que hicieron «seguidismo» de votantes y empresas molestas con las políticas de cuarentena, y otros que se pusieron por encima de todo eso, y se subordinaron a la planificación que proponían los epidemiólogos. Razón populista versus razón de estado. Pero finalmente todos aceptaron, más o menos, la razón de estado. La coerción estatal, que hoy está generando resistencias. En esto destaco el papel de Argentina, que tiene una cultura populista, pero un presidente que no lo es, que tuvo una reacción distinta a la de Bolsonaro y López Obrador.

¿Por qué cree que los organismos multilaterales se muestran impotentes para hacer frente a situaciones como esta?

La impotencia estuvo sobre todo en la Unión Europea, que no tiene funciones sociales de salud. Parece que el paradigma europeísta nunca previó la posibilidad de una nueva peste, porque nunca desarrolló una verdadera función sanitaria. Ni pretendió competir con el estado nacional de bienestar, cosa que tampoco hubiera sido sencilla porque esas funciones son muy caras y se fondean con impuestos nacionales que la UE nunca se planteó siquiera cobrar.

No obstante, sí hay un gran protagonismo de la OMS, que es un organismo internacional. Y lo había tenido en el SARS y otras gripes. Pero en este caso, ya que aparentemente el contagio es mucho mayor, esto adquirió una verdadera dimensión global. Y la OMS pareciera estar teniendo un rol fundamental en esta conceptualización de la crisis como algo global, porque declaró el estatus de «pandemia» y porque está proveyendo buena parte del asesoramiento que están consumiendo los gobiernos nacionales. Sin embargo, esta lógica global de la que la OMS está participando, no tiene la dinámica multilateral de las relaciones internacionales. Tiene la dinámica de la geopolítica global. Acá hay una autoridad científica que está teniendo una voz muy autorizada en todos lados -salvo por el conflicto con Trump-, en un tipo de crisis que no deja tiempo para las negociaciones multilaterales. Los países reaccionaron globalmente y en términos planetarios. Por lo tanto, el coronavirus planteó una geopolítica global, que va más allá de las relaciones internacionales. Los liderazgos nacionalistas quedaron en ridículo, los organismos regionales se quedaron sin nada para aportar, y la teoría de las relaciones internacionales envejeció más aún.

Es un momento para pensar geopolíticamente, para ver cómo lo global tiene su propia dinámica. Uno de los contrapuntos entre la teoría convencional de las relaciones internacionales y la geopolítica tiene que ver con cómo entender los temas que son de escala planetaria, como el ambiental o ahora la salud. Temas que no pueden ser tratados en el marco de las relaciones internacionales. Acá no hay nada que negociar, acá se requiere acción planetaria, con una escala que está por encima de los países. Por eso, esta crisis es profundamente globalizante. Esta medida única de distanciamiento social y de cuarentena, estas prácticas sociales, se están tomando en todos lados.

A pesar de que minimizó el daño que podía generar el Coronavirus y de la tardanza en tomar medidas extremas para frenarlo, ¿por qué cree que Trump sigue teniendo tan buena imagen entre los ciudadanos de Estados Unidos según las últimas encuestas? ¿Piensa que Trump tiene ahora despejado el camino hacia la reelección o los costos económicos que el Coronavirus generó podrían arruinarle los planes?

Hay algo interesante. De acuerdo a las encuestas, todos los presidentes subieron en el marco de la crisis, en mayor o menor medida. Esto tal vez se deba a que la angustia generada en los ciudadanos por la enfermedad hizo que comenzaran a prestar más atención a sus autoridades. Hay una reivindicación de la política y lo público. En buena parte, porque la solución que se está dando a la crisis es política, ya que la medicina no tiene una solución, y de hecho el orgullo de la ciencia médica queda un poco herido ante todo esto.  La política es la que está imponiendo las soluciones, por lo que todos los políticos que gobiernan comenzaron a captar más atención.

Dicho esto, no tengo claro que haber subido unos puntos en las encuestas de los últimos días le despeje el camino a Trump para la reelección. Los análisis que pude leer al respecto no son claros. Además, aún no sabemos qué campaña hará el Partido Demócrata, pero sus líderes tienen mucho más para decir en materia de salud que los republicanos. Especialmente durante la gestión Obama, los Demócratas hicieron de la reforma de la salud un issue público, mientras que los Republicanos siguieron defendiendo a rajatabla el modelo del seguro de salud privada. Biden tendrá una oportunidad de plantear el tema en la agenda de campaña y proponer una reforma en el sistema de salud, Trump tratará de desviar ese debate y hacer foco en China.

¿Cree que después de fracasar para resolver las crisis por Crimea y por los refugiados, esta nueva falta de políticas en común para enfrentar el Coronavirus podría ser un golpe decisivo para el futuro de la Unión Europea?

Todavía no es tarde para que la Unión Europea intervenga, porque si bien no supo qué hacer con el virus, puede cumplir un rol importante en la reconstrucción de las economías. Pero es probable que en los países más afectados se active una lectura crítica de la Unión. En Italia, que tiene una coalición antieuropeísta fuerte en términos electorales, seguramente habrá políticos interesados en cargar culpas en Bruselas. Si así fuera, entonces la UE es candidata a sufrir un desprestigio, al igual que otros organismos multilaterales sin capacidad de actuar ante una crisis que pone en juego vidas humanas.



JULIO BURDMAN es profesor de Geopolítica de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de la Defensa Nacional. Es director de Observatorio Electoral, una consultora de estudios políticos y sociales.

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