En los comicios del sábado pasado, la primera ministra neozelandesa obtuvo el 49% de los votos. El resultado confirma el aval del pueblo sobre su gestión de la pandemia y la política en general. Asimismo, Ardern logró asegurarse una mayoría absoluta en el parlamento luego de 24 años sin que ningún partido consiguiera tantas bancas.
El discurso de victoria aludió, fundamentalmente, a la polarización. Para la mandataria, el país insular de reducido tamaño no puede permitirse caer en la imposibilidad de ver la perspectiva del otro. Además, se lamentó que esta tendencia se evidencia con claridad en otras partes del mundo.
Ardern está al frente del Partido Laborista, del cual se convirtió en diputada en 2008. Desde su elección en 2017, Jacinda consiguió una popularidad sin precedentes para el Jefe de Gobierno de Nueva Zelanda tanto entre los neozelandeses como en el exterior.
La oposición, liderada por el Partido Nacional, recalcó a lo largo de la campaña las promesas incumplidas que pesan sobre la primera ministra. En este sentido, Ardern no logró completar el proyecto de viviendas accesibles Kiwibuild. Éste busca poner fin a la crisis de vivienda en el país. A su vez, tampoco ha conseguido reducir los niveles de pobreza infantil a pesar de asegurar que se trata de una de las problemáticas centrales en su proyecto político.
A pesar de las críticas del National Party, Ardern alcanzó niveles históricos de popularidad gracias a su imagen honesta y compasiva así como también a causa de la construcción de un nuevo liderazgo basado en la empatía y la colaboración. Por otro lado, su gestión de la pandemia de coronavirus también favoreció la victoria en las urnas.
Ahora, la mandataria neozelandesa deberá mantener el balance entre la recuperación económica y la contención del COVID-19 a la vez que avanza en la transformación progresista que prometió a Nueva Zelanda.
