Andrés Malamud: “América Latina va camino de destacarse en el mundo por las malas razones”

Conversamos con Andrés Malamud, investigador principal en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa. Conocedor al detalle de nuestra región, nos cuenta cómo está viendo desde el viejo continente a América Latina de cara a los desafíos que su propia dinámica y la pandemia plantean. También repasamos la disputa entre Estados Unidos y China por el liderazgo mundial y, obviamente, le pedimos su visión sobre la pandemia, a un año de su declaración por parte de la Organización Mundial de la Salud.


Hace un año que estamos conviviendo con la pandemia. ¿Cuáles son las principales tres conclusiones que podés sacar hoy en cuanto al manejo que los líderes mundiales y los organismos internacionales han hecho de esta crisis?

La primera conclusión es que todavía no podemos sacar conclusiones definitivas: los partidos se juegan hasta el último minuto, y esta pandemia está en el entretiempo. Pero destaco dos conclusiones provisorias: primero, la velocidad de la ciencia para desarrollar tests y vacunas; segundo, el contraste entre oriente y occidente. Este contraste ilumina más sobre las respuestas a la pandemia que el tipo de régimen o la ideología del gobierno.

Asumo que estás destacando la gestión de la pandemia en oriente. ¿A qué lo atribuís? ¿Qué hicieron bien allí, gobiernos más y menos democráticos, que occidente no logró hacer?

En Oriente, sobre todo en los países del Asia Pacífico, hubo menos contagios, menos muertos y menos disrupción económica que en Occidente. Posiblemente hayan confluido varios factores: mayores capacidades estatales, sociedades más cohesionadas y mucha experiencia con epidemias. Lo notable es que este grupo reúne democracias (Corea del Sur) con autocracias (China) y países desarrollados (Japón) con países subdesarrollados (Vietnam). Por alguna razón, la localización geográfica es mejor predictor de éxito que el nivel de desarrollo económico o el tipo de organización política.

Vos señalás que el multilateralismo y el regionalismo están en decadencia, y dando paso a la multipolaridad y el minilateralismo. ¿Podemos analizar la pandemia en estos términos, como para entender de manera más concreta a qué estás refiriéndote?

La única organización regional que tuvo un papel relevante en la pandemia fue la Unión Europea, que después de fracasar en la respuesta inicial decidió racionalmente centralizar la compra de vacunas – pero ni eso funcionó demasiado bien. La respuesta económica para la reconstrucción, en cambio, podría ser más efectiva. En cuanto al multilateralismo, el plan Covax de distribución de vacunas es loable pero insuficiente, mientras la Organización Mundial de la Salud se demostró indispensable pero ineficiente.

¿Cuál creés que será la imagen que quedará de China en el mundo en desarrollo? ¿La de culpable de la pandemia o la de benefactor?

La visión sobre China dependerá de los intereses que afecte. Sus rivales tienen incentivos (y sesgos) para considerarla lesiva, y sus aliados al revés. Como cada vez más países dependen más de China, es probable que su saldo de imagen resulte positivo.

Luego de la era Trump, Biden rápidamente se encargó de hacer saber al mundo que Estados Unidos vuelve a cumplir su rol en la esfera internacional, bajo la bandera del multilateralismo. ¿Creés que Biden está leyendo el mundo con los ojos de cuando era vice de Obama o realmente hay margen para que Estados Unidos pelee su liderazgo mundial desde el multilateralismo?

Foto: JIM WATSON / AFP / Getty Images.

No hay liderazgo mundial posible sin Estados Unidos, pero Estados Unidos ya no tiene capacidad para el liderazgo en soledad. Existen escenarios de liderazgo asociado en cooperación con China y de liderazgo limitado en competencia con China. En cualquier caso, la desconfianza mundial en los EEUU sobrevivirá a Trump. Para peor, en el mundo entrópico (caótico) que enfrentamos, la ausencia de liderazgo global aparece más amenazadora que la disputa por el liderazgo.

¿Pensás que llegará el día en el que uno de los dos gane y quede como super hegemón, como sucedió con el triunfo de Estados Unidos sobre la union soviética a fines de los años ochenta? ¿Les conviene derrotarse?

En el mediano plazo, ninguno de los dos países aparece en condiciones de arrasar ni de colapsar. La interdependencia hegemónica, mezcla de disputa y coordinación, llegó para quedarse.

Vos has escrito que el gran problema de la integración y el desarrollo sudamericanos no son la cohesión ideológica o la corrupción, sino la geografía, concretamente las enormes distancias entre los países y las barreras naturales. Pensar en un desarrollo de infraestructura como el que necesitaría el continente, al menos hoy, parece utópico. ¿América del Sur está condenada a ser lo que hoy es y hasta incluso declinar?

La fragmentación regional y la declinación geopolítica no están necesariamente asociadas: Europa, por ejemplo, se integra y declina al mismo tiempo. En América Latina, la integración no avanza porque la interdependencia es baja: los países de la región se quieren mucho, pero se necesitan poco. Algunos países, como Chile, Uruguay y Costa Rica, podrían apostar a la prosperidad mediante la inserción global, minimizando costos regionales en vez de ilusionarse con falsas expectativas. Por ejemplo, ¿qué sentido tendría construir un oleoducto entre Buenos Aires y Caracas o un tren de alta velocidad entre Montevideo y Santiago? Constituirían un gigantesco prejuicio económico sin reportar ningún beneficio político. La integración requiere economía grande y geografía chica, como en Europa; en América Latina se da la condición inversa.

En un artículo reciente nos das un baño de sinceridad y hablás con contundencia de la creciente irrelevancia de América Latina. ¿Cómo hacemos para destacarnos y llamar la atención de un mundo al que necesitamos pero que es cada vez más competitivo y que cada vez nos mira menos?

América Latina va camino de destacarse en el mundo por las malas razones: aumento del crimen organizado, de las redes ilícitas transnacionales y de la violencia política. Los estados deberían cooperar para reducir estos males públicos, al mismo tiempo que potencian oportunidades de desarrollo más allá de la región. Necesitamos asociarnos a mercados externos que nos permitan agregar valor a nuestras ventajas comparativas, como los grandes países (desarrollados y en desarrollo) de la región Indo-Pacífico.

Mucho se ha dicho del acuerdo MERCOSUR – Unión Europea. ¿Cómo pensás que va a avanzar este tema?

Sigo pensando que la firma del tratado entre el Mercosur y la Unión Europea es altamente improbable, y su eventual ratificación todavía más. La traba está en Europa, no en el Mercosur. El proteccionismo agrícola, con Francia a la cabeza, rechaza la mayor competitividad del Mercosur y utiliza la destrucción brasileña del Amazonas como excusa para torpedear el acuerdo. La excusa, por supuesto, es excelente.

América Latina tiene un super año electoral. Ecuador, Perú, Argentina, México, Chile, Honduras y Nicaragua, todos tienen elecciones. ¿Para dónde creés que va a disparar la región? ¿Hay una oleada de regreso a la izquierda que conquistó el continente 15 años atrás?

No veo una oleada homogénea ni en la demanda ni en la oferta electoral. En algunos casos, como Ecuador, el oficialismo ni siquiera compitió con posibilidades; en otros, como México, probablemente se imponga. Convive una tendencia a la indignación con el establishment con otra que aspira a la normalidad convencional. Es cierto que la pandemia lastima pero al mismo tiempo anestesia, así que quizás veamos una tendencia más clara cuando el virus empiece a retroceder y la indignación popular vuelva a las calles.

Siempre cerramos con Venezuela. El mundo parece querer, pero no poder solucionarlo. América Latina está claro que no puede, y más de una vez parece no querer. Los propios venezolanos solos no han podido. ¿Se sale? ¿Cómo?

En el mediano plazo no se sale. Lo que colapsó en Venezuela, más que la democracia, es el estado: ya no es un país sino un collage de organizaciones criminales, una de las cuales está en el gobierno. Entre los escenarios posibles, la presencia de potencias extranjeras (Rusia, China, quizás Brasil y Colombia) dividiéndose el control territorial es menos aterrador que su ausencia.



ANDRÉS MALAMUD es investigador principal en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa. Obtuvo su licenciatura en ciencia política en la Universidad de Buenos Aires y su doctorado en el Instituto Universitario Europeo (Florencia). Ha sido investigador visitante en el Instituto Max Planck (Heidelberg) y en la Universidad de Maryland, College Park. Sus intereses de investigación incluyen instituciones políticas comparadas, procesos de integración regional, partidos políticos y política europea y latinoamericana. Ha integrado el comité ejecutivo de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP) y es secretario general de la Asociación Portuguesa de Ciencia Política (APCP).

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