Las profundas heridas que dejará la guerra entre Israel y Hamas

Por Damián Szvalb / @DamianSz.

Israel está bajo una creciente presión internacional para poner fin a su operación militar en la Franja de Gaza que ya lleva 10 días. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, dejó en claro que se está quedando sin paciencia: le dijo a Bibi Netanyahu que espera «una desescalada significativa» ya mismo como primer paso hacia un alto el fuego.

Según la prensa estadounidense esta fue la cuarta vez, desde el inicio de la crisis, que Biden intenta frenar la violencia. Pero Netanyahu dice y da señales que tiene otros planes porque necesita más tiempo para cumplir con su principal objetivo, que es dejar a Hamas exhausto. Dijo en un comunicado que apreciaba el apoyo de Biden al derecho de Israel a la autodefensa, pero que estaba «decidido a continuar la operación en Gaza hasta que logre el objetivo de restaurar la calma». Como señal, sigue sin convocar al Gabinete de Seguridad y eso significa que una decisión sobre un alto el fuego no es inminente ya que para eso se requiere la aprobación del Gabinete.

Israel considera que la operación está dando muy buenos resultados militares. Bombardeó con notable éxito y repetidamente la red de túneles de Hamas dentro de Gaza a través del cual Hamas moviliza sus fuerzas y armamento, y que necesita para llevar adelante una de sus estrategias: secuestrar y matar a los soldados israelíes en una eventual operación terrestre de las fuerzas armadas.

También las fuerzas israelíes frustraron los intentos de Hamas de atacar desde el mar interceptando drones no tripulados que transportan explosivos. Varios jefes importantes de Hamas fueron asesinados y una gran cantidad de lanzacohetes y almacenes de armas han sido destruidos. Según Bibi, Hamas ha «recibido golpes que no esperaba».

Todos estos éxitos militares van a debilitar a Hamas, sin dudas, pero no van a hacer que este grupo terrorista desaparezca ni, mucho menos, afectar todo lo que ha conseguido, sobre todo política y simbólicamente. Cuando decidió empezar esta ronda de violencia, Hamas buscaba transformarse en el defensor de los derechos de los árabes en Jerusalén, que se transformó en una ciudad cargada de tensión y violencia, y unificar a los palestinos, desde el Jordán hasta el Mediterráneo, en una protesta colectiva contra Israel. Y lo logró.

Pero además de los éxitos simbólicos, consiguió algunos concretos: sus cohetes obligaron a la evacuación del pleno de la Knesset, y retrasó una decisión judicial sobre los desalojos de palestinos en el distrito de Sheikh Jarrah de Jerusalén. Su continuo lanzamiento de cohetes requirió posteriormente el cierre intermitente del principal aeropuerto internacional de Israel. Y en el mismo movimiento opacó, aun mas, al liderazgo palestino de Cisjordania del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas. Hamas también logró recalentar las otras fronteras de Israel: hubo ataques menores hacia Israel desde Siria y Líbano. Siempre se sabe cómo empiezan estas cosas, pero nunca cómo pueden terminar.

En definitiva, y si bien Hamás está sufriendo golpes muy importantes que lo debilitan a corto plazo, tiene claro lo que quiere: hacerle la vida imposible a Israel, sobre todo dentro de sus fronteras. Lo más significativo y preocupante es que logró hacer escalar las tensiones dentro de Israel, entre los ciudadanos árabes y judíos: como nunca antes se registraron asesinatos y turbas violentas tomaron las calles. El cese del fuego ya llegó, pero las heridas que dejará esta guerra parece que serán muy profundas.

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