Irán elige presidente con candidatos conservadores como única opción

59 millones de iraníes están habilitados para votar en las elecciones presidenciales que se celebran hoy. Marcada por la pandemia, la vuelta a las urnas desalienta la participación en la medida en que, más allá del resultado, la política exterior y el programa nuclear seguirán su curso actual bajo el mando del líder supremo Jamenei. Asimismo, tres de los cuatro candidatos son conservadores.

Quienes lideran las encuestas son Ebrahim Raisi, ultraconservador y jefe del Poder Judicial, y Abdolnaser Hemmati, moderado y jefe del Banco Central. Dado que Raisi cuenta con una amplia ventaja, Hemmati espera que no alcance el 50% de los votos. Ello le permitiría competir en una segunda vuelta en la que podría atraer el voto de quienes buscan poner un freno al régimen del Ayatolá Jamenei.

La población iraní se enfrenta a un escenario de crisis económica producto de las sanciones impuestas por Estados Unidos y la pandemia así como también a una larga trayectoria de mala gestión por parte de sus dirigentes. Sin embargo, la ausencia de diversidad ideológica entre los candidatos no ofrece oportunidades de cambio. La democracia iraní está fuertemente atravesada por la religión, lo cual dificulta la toma de decisiones. Irán cuenta con un doble entramado institucional en el que hay cargos electos y cargos designados. Estos últimos limitan el margen de maniobra de los primeros. En este sentido, aunque hay un presidente elegido por la ciudadanía, la máxima autoridad política es ejercida por el líder supremo.

El interés del régimen iraní por la victoria de Raisi yace en la posibilidad de que el Ayatolá Jamenei deba dejar el cargo durante el próximo mandato presidencial. Durante el período de transición, la conducción del país recae en un Consejo de Liderazgo integrado por el presidente, el jefe del Poder Judicial y un miembro del clero. Hay quienes estiman que Raisi incluso podría convertirse en el sucesor de Jamenei.

La participación será difícil de estimar de antemano en la medida en que no existe un padrón electoral que asigne a los iraníes un colegio electoral en función de su lugar de residencia. Así, todos pueden votar en cualquier lugar del país. Además, entre otras medidas sanitarias, el tradicional control con tinta y huella digital será reemplazado por un control electrónico del documento de identidad.

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