Los regímenes de Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua dividen a la región, entre aquellos gobiernos que los condenan como dictaduras y aquellos que los reconocen como democracias. Entre los primeros, Ecuador, Brasil, Uruguay, Paraguay, Colombia, Costa Rica y hasta ahora Chile no dudan que tanto Maduro como Ortega son dictadores. Entre los segundos, Bolivia y Perú empezaron a generar, desde la asunción de sus flamantes gobiernos, un grupo de sostén. En el medio, con posturas ambiguas y a veces contradictorias, se mueven México y Argentina.
Poco cuestionable parece ser que el funcionamiento de la democracia en ambos países, por lo menos, lejos está de ser el ideal. El encarcelamiento de opositores y el control sobre los medios de comunicación son clara muestra del mal funcionamiento del sistema democrático. A esto se suman denuncias reiteradas por ejecuciones extra judiciales, desapariciones forzadas y la comisión de otros delitos de lesa humanidad.
Párrafo aparte para Cuba. El país socialista de la región ha sufrido manifestaciones masivas inéditas para el país. La situación económica y social, en parte generada por falencias propias y en parte por las duras restricciones económicas planteadas por Estados Unidos, plantea un serio desafío para el histórico régimen de los Castro, hoy presidido por Miguel Díaz-Canel.
