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    La semana en la que Trump optó por la diplomacia

    8 febrero, 2026
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    Por Damián Szvalb

    Esta semana Donald Trump, sin abandonar las amenazas, le dio juego a su equipo de asesores para que desplegar todas las herramientas de negociación que tengan para encauzar todos los conflictos abiertos alrededor del mundo. Trump acelera porque necesita definiciones más temprano que tarde. En un año electoral quiere cerrar los capítulos internacionales para meterse de lleno en su principal objetivo para 2026: ganar las elecciones de medio término. Sabe que de cómo salga parado de ellas dependerán sus últimos dos años como presidente de Estados Unidos. Su objetivo de transformarse en el pacificador mundial puede convertirse en una pesadilla no solo si no puede resolver los conflictos en los que decidió involucrase, sino también si Estados Unidos queda atrapado en ellos transformándolos en algo peor de lo que eran. La múltiple ofensiva diplomática de esta semana incluyó Irán, Rusia-Ucrania, China, Cuba y Gaza.

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    Irán: el enemigo débil pero peligroso

    Irán es el mejor ejemplo de los riesgos que corre Trump por el poder de daño que el régimen, aun debilitado como está, puede generar en la región y en la economía mundial.  Eso explica la importancia de las conversaciones que mantuvieron sus asesores con los iraníes el viernes pasado en Omán. Trump quedó conforme con los resultados de esa primera reunión. Cree que Irán está entendiendo lo que Estados Unidos quiere en relación a un acuerdo nuclear. El ataque a sus instalaciones nucleares durante la guerra de 12 días, el imponente despliegue cerca de sus costas y las amenazas de que utilizaría la fuerza militar, creen, están haciendo efecto en los iraníes.

    Steve Witkoff, el enviado que Trump usa para todo, y su asesor-yerno, Jared Kushner, transformaron las reuniones indirectas en un mano a mano con el canciller iraní Araghchi. Trump quiere que Irán acepte cancelar su programa nuclear y que se deshaga de los 400 kilos de uranio enriquecido que la ONU denunció que posee y que lo deja bien cerca de alcanzar la capacidad de armar una bomba atómica. Irán podría aceptarlo, pero no quiere suspender su programa nuclear que, dice, desarrolla para fines pacíficos. Los iraníes tampoco quieren achicar su sistema de defensa, sobre todo reducir la cantidad y el alcance de sus misiles balísticos. Allí también puede haber margen para un acuerdo.

    El que mira esto en silencio, pero preocupado, es Israel, que cree que es ahora el momento para darle el último golpe al régimen iraní, y que eso debe hacerse solamente por la vía militar. Cualquier acuerdo, dice Israel, lo único que logrará es sostener al régimen y permitirle ganar tiempo para reconstruir poder.

    Las posibilidades de un acuerdo están más cerca. Esta semana Witkoff y Kushner se reunirán nuevamente con el ministro de Exteriores de Irán. Trump necesita un acuerdo con los iraníes porque sabe que cualquier escenario bélico sería mucho más riesgoso que el peor de los acuerdos.

    Ucrania-Rusia: la guerra que ya lleva cuatro años

    Trump está más impaciente que nunca para alcanzar un acuerdo entre Ucrania y Rusia. Por eso altos funcionarios de esos países se juntaron dos días en Abu Dhabi, también con la mediación de Witkoff y Kushner. Al igual que con Irán, Trump se mostró optimista con los resultados.

    Lo más sensible sigue siendo lo de siempre: el Donbás. Rusia quiere que Ucrania retire las fuerzas de las partes de ese territorio que Putin conquistó en un 90 por ciento. Para Zelenski eso sería una claudicación que nadie en Ucrania le perdonaría.

    Zelenski también necesita apurar un acuerdo por varias razones. Primero porque sabe que el tiempo siempre juega a favor de Putin. Pero también porque tiene claro que tener a Trump atento a la situación tiene una fecha de vencimiento. Cree que en junio el presidente de Estados Unidos va a poner toda su atención en las elecciones de medio término que son clave para él y que pueden repercutir en su agenda internacional.

    Zelenski necesita además algo que Trump, por ahora, se niega a firmar: un acuerdo con Estados Unidos de garantías de seguridad entre ambos países. Trump quiere que eso sea parte de un acuerdo general en el que Rusia también esté sentado en la mesa. Estados Unidos, más precisamente Miami, será escenario en una semana de nuevas conversaciones.

    Gaza: el mayor éxito

    En medio de esta embestida diplomática, Trump busca consolidar lo que por ahora fue su principal éxito en política internacional: el fin de la guerra en Gaza. La Casa Blanca está pensando en armar una reunión de los 27 líderes que se adhirieron a la «Junta de Paz» de Gaza para el 19 de febrero. La Casa Blanca quiere mostrar que ya se empezó a implementar la segunda fase del acuerdo de alto el fuego en Gaza. Y además necesita recaudar dinero para empezar la reconstrucción.

    Se trata de una movida de alto riesgo teniendo en cuenta la frialdad con que fue recibida esta idea. En la foto de firma del mes pasado en Davos no hubo líderes europeos, ni siquiera su aliada Meloni. También Israel mostró sus dudas al observar el protagonismo que Trump le dio a líderes árabes y musulmanes. Finalmente, Netanyahu se sumó, pero no firmó la carta ni mandó a nadie para el lanzamiento.

    El rechazo de Occidente tiene que ver con que ese organismo busca, en el mejor de los casos, competir, y en el peor, suplantar las funciones de la ONU. Tampoco cayó bien que el único con poder de veto sea Trump. El líder estadounidense esta vez sí quiere a Netanyahu para mostrar algo que no se ve desde el 7 de octubre y la guerra en Gaza: una reunión pública entre Netanyahu y líderes árabes y musulmanes.

    Cuba: el patio trasero

    Después de la operación militar que capturó a Maduro, Cuba pasó a ocupar un lugar importante en la agenda internacional de Trump. El presidente norteamericano cree que puede lograr en Cuba algo parecido a lo que está haciendo en Venezuela: disciplinar al régimen. Y en el caso de la isla, dada su extrema debilidad económica, no necesitaría ninguna acción militar. Por eso inició un proceso de asfixia para terminar de cortarle los pocos ingresos que tiene. Cortó los envíos de petróleo de Venezuela y amenazó con aranceles a los países que lo sigan enviando.

    Pero esta semana Trump abrió la puerta al diálogo. Dijo que estaba conversando con las máximas autoridades de La Habana. «Estamos hablando con el pueblo de Cuba, con los más altos responsables de Cuba. Ya veremos qué pasa, pero creo que vamos a llegar a un acuerdo con Cuba».

    La Habana lo negó, pero sabe que no tiene muchas más alternativas. Casi sin aliados regionales, y en una grave crisis económica y social, la población atraviesa una situación que podría desbordarse. Por eso el régimen necesita sentarse en una mesa con Trump. El escenario regional y doméstico lo están dejando sin alternativas.

    China: la batalla final

    Y para completar su semana, Trump mantuvo una «excelente» conversación telefónica con Xi Jinping. Trascendió que hablaron de todo: Taiwán, Ucrania e Irán. China dijo que iba a comprar 20 millones de toneladas de soja estadounidense, algo que le cae muy bien a los granjeros de Estados Unidos. Pero Xi también se plantó y le advirtió sobre las ventas de armas a Taiwán tras el paquete récord de 11.100 millones de dólares aprobado en diciembre. En un par de meses está prevista una cumbre bilateral en Pekín. Veremos si se da.

    Muchos conflictos para resolver en pocos meses

    Trump buscará por todos los medios ordenar el mundo a su manera. Esta semana usó la diplomacia en una señal que muestra los límites que aun los más poderosos tienen para resolver los problemas del mundo. Pero también dejó en claro que esa opción tiene fecha de vencimiento: cuando empiece la campaña electoral de medio término, el pacificador mundial puede transformarse nuevamente en el presidente que solo mira hacia adentro. Mejor que así sea, porque las encuestas muestran que los demócratas retomarían posiciones en ambas cámaras legislativas lo que, además de complicar a los republicanos de cara a la elección de 2028, acabaría con las aspiraciones de Trump de quedar en la historia como quien acabó con todos los conflictos del mundo.

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