Por Damián Szvalb / @DamianSz.
El consenso democrático que Alemania viene construyendo desde el fin de la guerra fría está en peligro. La clase política y gran parte de la sociedad civil están muy preocupadas por el avance de los partidos de extrema derecha. No es para menos: según un reciente estudio el año pasado vivían en ese país unos 24.100 ultraderechistas, de los que 12.700 están dispuestos a emplear la violencia.
Esos datos fueron presentados por el ministro del Interior, Horst Seehofer. Se trata de un informe sobre 2018 de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV, el servicio de inteligencia de ese país país). “Es una cifra que nos preocupa mucho. El extremismo de derecha es altamente peligroso», dijo en esa ocasión el ministro.
Frente a esta situación el Gobierno estudia qué medidas aplicar para reducir este tipo de violencia y no descarta incluso que estas personas pierdan derechos fundamentales. “Haremos todo lo posible para dar más fuerza al Estado de derecho”, dijo Seehofer, quien admitió que está «examinando seriamente» la aplicación estricta del artículo 18 de la Constitución, que implica la pérdida de derechos fundamentales, ante esta amenaza ultraderechista. La canciller Angela Merkel no está muy convencida. Dijo que esta opción sólo puede ser el “último recurso” de las autoridades.
Este Informe aparece en medio de la conmoción que generó en Alemania el asesinato del político democristiano Walter Lübcke en manos de un neonazi de 45 años que confesó el crimen. Stephan Ernst dijo que mató al político porque defendía la llegada de refugiados al país. Recordemos que para muchos, el rechazo a la abierta y democrática política de refugiados de Merkel fue la que provocó el ascenso de los partidos xenófobos.
Seehofer también admitió que es imposible controlar a las aproximadamente 12.700 personas que están dispuestas a la violencia. “No se puede prometer una seguridad absoluta, pero tenemos que hacer lo que es humanamente posible. Esto incluiría un mejor equipamiento policial, pero también la comprobación de qué organizaciones podrían ser prohibidas”, dijo.
Según el Informe, entre los enemigos de estas personas violentas “se encuentran los extranjeros, especialmente los solicitantes de asilo y los musulmanes, pero también los políticos”. El informe también revela que en 2018 se produjeron seis tentativas de homicidio, presuntamente por ultraderechistas. Todos tenían antecedentes xenófobos.
El número de actos de violencia de la extrema derecha con motivación antisemita aumentó un 71,4%, de 28 en 2017 a 48. El informe señala que el antisemitismo sigue siendo una característica de su identificación ideológica.
El informe habla de otros dos grupos como potencial amenaza. Por un lado, los islamistas. Su número aumentó hasta las 26.560 personas. Seehofer señaló la «inmensa amenaza» que suponen principalmente los yihadistas que regresan al país. El ministro dijo que si bien Alemania no sufrió en 2018 ningún atentado yihadista, las fuerzas de seguridad identificaron varios en preparación.
En cuanto a los extremistas de izquierda, su número creció un 8,5%, hasta los 32.000. El número de los que están dispuestos a emplear la violencia se mantuvo en 9.000. El número de delitos cometidos el año pasado por ultraizquierdistas fue significativamente menor: 4.622, por los 6.393 de 2017.
De a poco desde el final de la Segunda Guerra Mundial Alemania empezó a desarrollar políticas de memoria sobre la tragedia que significó el nazismo. Con el fin de la Guerra Fría y la unificación alemana, este trabajo tomó un impulso fenomenal que ha puesto a ese país en la vanguardia de lo que ellos llaman la Cultura de la Memoria: las políticas educativas sobre lo que significó el nazismo y la falta de democracia, y el desarrollo de los sitios de la Memoria son un ejemplo para el mundo.
Se trata de un esfuerzo conjunto del gobierno Federal junto a los 16 Estados y las organizaciones de la sociedad civil. Entre todos han construido un consenso democrático que ha penetrado en una sociedad que sufrió el nazismo y luego fue atravesada por las disputas políticas e ideológicas de la guerra fría (sobre todo la dictadura en Alemania del Este). Hoy ese consenso democrático empieza a ser cuestionado por la aparición de partidos políticos de extrema derecha que no solo quieren revisar ese pasado sino que lo reivindican.
La preocupación alemana tiene nombre: el partido xenófobo y neonazi Alternativa por Alemania, que se trasformó hace pocos años en la tercera fuerza en el Parlamento y cada vez está más cerca de empezar a ganar elecciones que le permitirán gobernar ciudades y quizás algún Estado. Esta situación se exacerba al observar que la clase política alemana democrática se queda sin liderazgo. La anunciada salida de Merkel del poder amenaza con dejar un vacío peligroso que puede ser aprovechado por quienes solo buscan quebrar el consenso democrático que los alemanes viene construyendo con mucho esfuerzo desde hace 30 años.
