Durante el fin de semana, Kim Jong-un presidió un desfile militar en el que fue presentado el mayor misil intercontinental que posee el Ejército norcoreano. Asimismo, Kim remarcó las dificultades que han supuesto la pandemia y las inundaciones para la economía local.
Tras dos años sin demostraciones públicas, el desfile consistió en la conmemoración del septuagésimo quinto aniversario de la fundación del Partido de los Trabajadores. A diferencia de eventos similares anteriores, en esta ocasión no había invitados extranjeros presentes y el público era más reducido que de costumbre. Los presentes no llevaban tapabocas ni mantenían una distancia prudencial dado el contexto sanitario. En este sentido, el líder norcoreano destacó en su discurso que el país no ha confirmado ni un solo caso de coronavirus.
Dejando atrás el tono beligerante de años anteriores, Kim Jong-un se disculpó con los miembros de las Fuerzas Armadas por las demandas a las que han tenido que dar respuesta, así como también con la población en general por la incapacidad de ofrecer un mejor nivel de vida durante este año atípico.
El discurso eventualmente viró hacia la situación intercoreana, momento en el que el mandatario deseó una pronta superación de la pandemia para Corea del Sur y planteó la voluntad de reanudar los vínculos entre Pyongyang y Seúl en un futuro cercano.
Respecto del programa nuclear y balístico coreano que yace en el centro de las negociaciones de desarme impulsadas por Washington, la postura actual de Kim consiste en nunca utilizar primero este tipo de armamento. Así, el líder supremo de Corea del Norte aseguró que la posesión de dicho armamento tiene un propósito defensivo.
A pesar de que el evento tuvo lugar a tan solo tres semanas de las elecciones norteamericanas, Kim Jong-un no hizo alusión a los Estados Unidos. En cambio, sí subrayó el nivel de inversión en el sector militar y la continuidad del programa nuclear.
