Nikanor Melia, líder del partido opositor Movimiento Nacional Unido, está acusado de incitar protestas en 2019. Melia y una veintena de colaboradores y simpatizantes fueron arrestados en un allanamiento en Tbilisi, la capital georgiana. Su detención se apoya en la falta de pago de la fianza en el caso de incitación de protestas antigubernamentales en 2019. A su vez, 17 personas resultaron heridas en la redada.
Tanto Estados Unidos como los países de la Unión Europea han expresado su preocupación por el agravamiento de la agitación política en el país. Los partidos de la oposición se niegan a aceptar los resultados de las elecciones parlamentarias de octubre de 2020. En consecuencia, sostienen que no ocuparán sus escaños hasta tanto se celebren nuevas elecciones.
Melia se encontraba refugiado en la sede del partido desde hace una semana, cuando perdió su inmunidad parlamentaria y la fiscalía emitió la orden de arresto. Ello provocó la dimisión del primer ministro, Giorgi Gajaria, en desacuerdo con la detención. En este sentido, Gajaria afirmó que el hecho sólo puede conducir a una profundización de la crisis política.
El Gobierno respaldó el allanamiento y detención y, paralelamente, remarcó que no contempla la posibilidad de celebrar nuevas elecciones. Cientos de partidarios de la oposición se congregaron ayer frente a la sede del Parlamento para exigir la liberación de Melia.
La tensión política comenzó en octubre, cuando la coalición de gobierno Sueño Georgiano -en el poder desde 2012- obtuvo 80 de los 150 escaños que conforman el Parlamento en unos comicios considerados fraudulentos por la oposición. El Movimiento Nacional Unido, fundado por el expresidente Saakashvili, consiguió el 27% de los votos. Desde entonces, los diputados opositores han boicoteado la Cámara baja.
Desde Washington y Bruselas, los funcionarios observan atentos al desarrollo de la situación en el país del Cáucaso, un socio clave en territorio otrora soviético.
