Josep Borrell, alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea (UE), no logró conseguir la unanimidad entre los veintisiete ni siquiera para la redacción de una breve declaración instando al cese inmediato de las hostilidades y el establecimiento de un cese el fuego que permita el acceso de ayuda humanitaria al enclave palestino. Hungría se opuso a todo acuerdo, imposibilitando que Europa se pronunciara firmemente sobre la crisis.
Dado que el escueto texto resumía argumentos ya expresados en comunicados y declaraciones del jefe de la diplomacia europea, Borrell lamentó que Budapest bloqueara la unanimidad del mensaje. La postura húngara sobre Israel no es novedad. El Gobierno de Viktor Orbán ya había impedido que el embajador comunitario ante las Naciones Unidas hiciera una declaración en el Consejo de Seguridad en nombre de los 27 socios.
En la conferencia de prensa que siguió a la reunión virtual del día de ayer, Borrell no sólo instó al cese de la violencia entre Hamas e Israel, sino que también condenó el lanzamiento de misiles por parte de la milicia que gobierna la Franja de Gaza. Asimismo, expresó que Europa apoya el derecho de Israel a defenderse, siempre y cuando sea de manera proporcionada y dentro de los límites de derecho humanitario internacional. Por otra parte, el funcionario comunitario remarcó el consenso entre los miembros de la UE respecto al rechazo de los desahucios de casi una decena de familias en el barrio Seij Jarrah, en Jerusalén Este.
No obstante las declaraciones de Borrell, la diferencia entre posturas es demasiado grande al interior del bloque y será difícil construir un acuerdo. Por un lado, el ministro de Relaciones Exteriores de Luxemburgo, Jean Asselborn, abogó esta semana por el fin de la colonización y el apoyo al pueblo palestino. En tanto, el viernes pasado un número de edificios gubernamentales en Austria, Eslovenia y la República Checa hicieron ondear la bandera israelí.
De acuerdo con la oficina del alto representante para la Política Exterior de la Unión, las marcadas distancias entre los miembros han socavado la influencia de Europa en la región. Es por ello que Bruselas carece de todo poder de mediación en la crisis palestino-israelí, rol que -según Borrell- sólo puede ejercer Washington si así lo desea.
