Por segundo día consecutivo, la frontera entre ambos países caucásicos ha sido escenario de combates a solo dos años desde la firma del alto el fuego. La escalada de la violencia ya ha causado la muerte de al menos 150 personas y amenaza con convertirse en una nueva guerra. El primer ministro armenio, Nikol Pashinián, denunció que las tropas azeríes han invadido parte del territorio de la República de Armenia. Además, el mandatario invocó el Tratado de Seguridad Colectiva -una alianza de seguridad liderada por Rusia- e instó al Kremlin a proveer ayuda.
El intercambio de fuego de artillería se ha ido incrementando a lo largo de la última jornada, llegando a afectar zonas residenciales. Azerbaiyán ha destinado parte de las ganancias de la explotación de sus reservas de hidrocarburos al gasto en Defensa, especialmente para la modernización de las Fuerzas Armadas. Se estima que ya hay más de 2.500 desplazados como consecuencia de los nuevos combates.
La Unión Europea, Francia y Estados Unidos ya realizaron llamamientos para que ambas partes pongan freno a la violencia. El representante europeo para la región del Cáucaso Sur, Tovio Klaar, mantuvo un encuentro con el presidente azerí y su ministro de Asuntos Exteriores -Ilham Aliyev y Jeyhun Bayramov, respectivamente- en un intento por propiciar una desescalada. Las potencias occidentales subrayaron que Azerbaiyán, en tanto que responsable del desencadenamiento de los combates, debe detener inmediatamente todos los ataques contra Armenia.
En cambio, Rusia se ha mostrado más reticente a involucrarse en la situación. Cabe considerar que Moscú es el principal proveedor de apoyo militar de Ereván a la vez que mantiene dos bases militares en territorio armenio y un cuerpo de 2.000 efectivos desplegados como fuerza de paz en el enclave Nagorno-Karabaj. De momento, Rusia ha aceptado enviar una misión de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva con el objetivo de recabar información sobre la situación.
