Benny Gantz tiene en sus manos la posibilidad de convertirse en el primer ministro de Israel y terminar con 10 años de gobiernos de Bibi Netanyahu. El Presidente Rivlin le ha dado hace dos días la responsabilidad de formar gobierno para evitar otras elecciones. Pero no parece tan fácil.
A Gantz no le alcanza con los 54 diputados que lo acompañan. Necesita por lo menos 7 más para llegar al número de 61 para formar gobierno. Tiene 28 días para hacerlo. Por eso, apenas Rivlin le dio el mandato llamó personalmente a los líderes de las lista de las 14 formaciones que componen la Knéset con el fin de coordinar las reuniones que mantendrán en los próximos días.
Si fracasa, lo más probables que el Parlamento se disuelva y, en un plazo de tres meses, los israelíes tengan que volver a votar como ya lo han hecho en abril y septiembre de este año.
Gantz necesita seducir a parte de la oposición y quizás por eso ahora empezó a hablar de cerrar la “grieta” al proponer crear un «gobierno de reconciliación nacional» que disminuya las tensiones entre los distintos grupos que conforman la sociedad israelí. Pero también marcó límites: dijo que solo habrá lugar para todos los que tengan el interés nacional como prioridad y que no se sentará con aquellos que «inciten al racismo o tengan un pasado violento».
Su primer movimiento será intentar acordar una gran coalición de gobierno con el Likud. Es lo que Rivlin quiere. El objetivo de máxima de Gantz es poder convencer a algunos diputados del Likud para que rompan con el liderazgo de un Bibi que aparece debilitado políticamente por su delicada situación judicial. Lo que lo ayudaría a convencerlos es que se conozca lo antes posible la decisión del fiscal general del Estado de formalizar la acusación contra Netanyahu por corrupción. Eso aceleraría la salida de la vida política de Bibi y dejaría con las manos libres a algunos sectores del Likud,que ahora se mantiene leales a su liderazgo.
Pero la prensa israelí no descarta una sorpresa. A pesar que se ha cansado de advertir que no aceptará la presencia de Netanyahu en una gran coalición por sus problemas judiciales, Gantz se habría mostrado dispuesto a gobernar junto al actual primer ministro. Lo que parece que el líder de Kajol Lavan no aceptaría es que en un eventual acuerdo para gobernar dos años cada uno de los cuatro que establece el mandato, no sea él quien empiece. Y Bibi necesita seguir siendo primer ministro ahora para intentar desde el lugar de máximo poder tener todas las herramientas para enfrentar su situación judicial.
Para avanzar en una acuerdo con el Likud, Gantz además deberá romper el fuerte vínculo que mantiene el Likud con los partidos ultraortodoxos y de derecha con quienes viene gobernando en los últimos años. Se trata de un bloque consolidado de 55 escaños.
Pero de no poder cerrar una acuerdo con el Likud con o sin Bibi, a Gantz le quedarían solo un par de alternativas. La primera es la de incorporar al partido del nacionalista laico de Avigdor Liberman, Israel Beitenu (8 escaños) y a la Lista Conjunta (13), compuesta por los partidos árabes. Juntar a estos dos sectores parece también muy difícil. Se rechazan profundamente.
La otra es lograr un acuerdo para que los diputados de la Lista Conjunta lo apoyen parlamentariamente para que sea primer ministro pero sin comprometerse en una coalición de gobierno. No sería el escenario ideal para gobernar pero si para destrabar la parálisis electoral y política que atraviesa Israel hace 8 meses.
