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    Carolina Amoroso: “Los líderes de algunos países de nuestra región terminan trazando una vergonzosa complacencia con el régimen de Maduro”

    23 enero, 2021
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    Foto: Pilar Bustelo.
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    Conversamos con Carolina Amoroso, periodista argentina, autora del libro “Llorarás, historias del éxodo venezolano”. Nos sumergimos en la actualidad venezolana. ¿Cómo procederá la administración Biden con el régimen de Maduro? ¿Qué rol podrían jugar los líderes latinoamericanos en la solución del conflicto? También imaginamos juntos los primeros días de la gestión Biden y repasamos el accionar de los organismos internacionales ante la pandemia.

    La intervención militar, la presión internacional (sanciones económicas) o fomentar el diálogo entre Maduro y la oposición para organizar elecciones con control de organismos internacionales fueron las propuestas más escuchadas estos últimos años para intentar sacar a Venezuela de la crisis. ¿Cuál pensás vos que es la mejor opción para superar la crisis institucional y política de Venezuela?

    Creo que tiene que ver con la vuelta a los organismos multilaterales y a su rol más concreto. La estrategia impulsada por Trump fue a nivel retórico muy agresiva pero, en lo concreto, hay quienes consideran que el direccionamiento estratégico de las sanciones fue pobre o incluso insuficiente. El propio secretario de Estado elegido por Biden, Antony Blinken, así lo sugirió días atrás, aunque reiteró el apoyo de la gestión entrante a Juan Guaidó en calidad de presidente encargado y a la Asamblea Nacional opositora. «Nosotros necesitamos una política efectiva que permita restaurar la democracia en Venezuela» fue una de las frases salientes de este funcionario clave. Sobre este punto, es importante también considerar que las alianzas clave del régimen (dentro y fuera de la región) han mostrado ser lo suficientemente robustas como para ayudarlo a resistir la presión externa y la calamidad socioeconómica en la que está sumido el país. Esto no solo se expresa en un éxodo de más de 5 millones de personas sino en un amplísimo rechazo al régimen entre la población que vive en Venezuela. Cuando hablamos de aliados, desde ya, nos referimos a Rusia, en términos más políticos, China y, por supuesto, también Cuba, Nicaragua y otros países con posiciones más flexibles con la dictadura de Maduro en nuestra región, como Bolivia y México y, ahora también, Argentina.

    Considero, sin embargo, que aunque el proyecto Guaidó no haya logrado sus objetivos centrales (en palabras del propio presidente de la Asamblea: cese de la usurpación, gobierno de transición y llamado a elecciones libres) sí han sido significativos los avances en los últimos dos años en el reconocimiento de la crisis venezolana por parte de la comunidad internacional y en la aceleración de definiciones categóricas de muchísimos países con respecto a las violaciones de Derechos Humanos perpetradas por el régimen y en lo que hace al rechazo claro del gobierno de Maduro.

    ¿Cómo ves el rol de la oposición venezolana en todos estos años? ¿Creés que la falta de unidad conspiró contra la posibilidad de enfrentar con más fuerza al régimen de Maduro?

    Sí. Por un lado, es lógico que así sea porque no son ni siquiera una coalición de gobierno, sino espacios distintos que se unifican para dar pelea a un régimen autoritario y que se encuentran ante el desafío de ofrecer una alternativa en medio de esta catástrofe que se inscribe en las páginas más tristes de nuestra América latina. Bajo otras condiciones, serían aún más evidentes y explícitas las diferencias entre dirigentes como María Corina Machado y Leopoldo López. Porque hay idearios distintos en sus respectivos espacios políticos. Si bien reconozco en muchos de ellos un esfuerzo por mantener la unidad de la oposición frente a un régimen que los aplasta y sofoca también a ellos, he visto con cierto desconcierto algunas posturas recientes. Esto añade incertidumbre a un pueblo que hoy necesita creer en alguna vía de escape posible frente a la tragedia que atraviesa.

    Algunos analistas cuestionan el rol de los líderes de la región para tratar de resolver el problema de Venezuela. En la práctica, señalan, la mayoría termina utilizando el tema Venezuela para fortalecer su discurso a nivel local y satisfacer a la porción de la población que más apoyo les brinda. ¿Qué evaluación hacés vos del rol de los países de la región en la solución del conflicto? ¿Creés que los presidentes de América latina, como bloque, tienen algún aporte para hacer, a pesar de sus diferencias ideológicas e intereses particulares?

    Sin dudas. Pero empecemos por lo más básico. En nuestro continente, tenemos un problema de base que es, a mi entender, muy grave: hay hoy países que no reconocen la brutalidad de un régimen como el de Maduro de manera categórica y que no lo rechazan por su propia naturaleza, que es la de ser, lisa y llanamente, una dictadura militar. Si no logramos que termine lo que el analista venezolano Willy McKey llama «la solidaridad automática», que impone un «mirar para otro lado» o incluso cierto grado de apoyo dado por los sesgos ideológicos o algún enamoramiento trasnochado con las ideas de Chávez, lamentablemente, los líderes de algunos países de nuestra región terminan trazando una vergonzosa complacencia con el régimen de Maduro.

    ¿Considerás que el asalto al Capitolio quedará como un hecho excepcional en la vida política e institucional de Estados Unidos o que quienes lo protagonizaron intentarán condicionar, a través de ese tipo de manifestaciones violentas, el futuro gobierno de Biden?

    Sin dudas, son grupos con capacidad de movilización. Más allá de lo dantesco de las imágenes, el poder simbólico de hacerlo en una institución fundamental para la democracia republicana es innegable. No subestimaría jamás la posibilidad que tienen estos grupos de extrema derecha de volver a movilizarse. No obstante, hay que entender también que Trump no solo acaba de dejar el poder sino que enfrenta su segundo juicio político de impeachment y también la cancelación de las redes sociales, que le quita las vías de comunicación más directa con sus votantes. Dicho eso: él, que es además la única figura que reivindican estos grupos por ahora, está ante una crisis (o al menos una necesidad de reformularse) en el ejercicio de ese liderazgo. Si esto tendrá como correlato una suerte de «fade out» o desvanecimiento del fanatismo que vimos movilizado el 6 de enero, solo el tiempo lo dirá. Lo cierto es que el escenario cambió mucho de ese día a hoy.

    La política exterior estadounidense suele mantener un patrón común, más allá del color de la Administración. Sin embargo, Trump, como en muchos otros ámbitos, rompió un poco con esa premisa. ¿Cuál creés que será la relación de Biden con América Latina, considerando temas como el muro con México, la inmigración y la situación de Venezuela?

    Son temas bien distintos. Empecemos por la migración: Biden ya anunció un plan para acelerar los procesos de obtención de ciudadanías para más de 11 millones de indocumentados. Esto, entiendo, será parte de los inicios de su gestión y es nodal, ya que las minorías estuvieron en el centro de su campaña y de sus promesas. A esto se suma la presión política que impone una nueva caravana migrante y las versiones que indican que podría destinarse algún tipo de asistencia concreta a los países de los que proviene el mayor flujo migratorio. Sobre este último punto, diría que también estos movimientos están supeditados al manejo interno de la pandemia, en los dos frentes: el sanitario y económico, ya que ambos requerirán presupuestos siderales que hoy están en la agenda prioritaria del flamante presidente.

    En cuanto a Venezuela, diría que, de fondo, no cambiará demasiado. Así lo expresó, como mencionaba, el propio secretario de Estado Blinken que reiteró el objetivo de restaurar la democracia y el apoyo al liderazgo de Guaidó. Lo que sí podríamos ver es un regreso a lo que se conoce como la diplomacia blanda y a un rol fuerte de Estados Unidos en los organismos multilaterales.

    Hagamos de cuenta que estamos en 2050, no en 2021, y que acabás de lanzar un libro sobre la historia política reciente de Estados Unidos. En el libro le dedicás un capítulo entero a Donald Trump. ¿Qué diría ese capítulo sobre su presidencia?

    Mucho se ha dicho sobre Trump y su clara tendencia populista. Coincido en varias de esas apreciaciones. Pero, precisamente. por lo ausentes que estuvieron en la era Trump, su capítulo en la historia deja una revalorización de la política profesional y de los partidos como instituciones fuertes, más allá de los fenómenos personalistas.

    El COVID, entre muchas consecuencias, sacudió fuertemente a las economías del mundo y a varios líderes mundiales, que recibieron serios cuestionamientos sobre su gestión de la pandemia. ¿Creés que la pandemia del Coronavirus generará una reconfiguración del esquema de poder mundial?

    Creo que sin dudas se va a reconfigurar el poder. Algunas tensiones quizás hasta se acentúen. Los países que nos vemos fuertemente condicionados a nivel económico por la pulseada entre China y Estados Unidos, podemos tener casi como certeza que eso no cederá, aunque es de esperar que, con el cambio en el liderazgo de la Casa Blanca, los movimientos sean menos intempestivos.

    Otro punto interesante es ver los liderazgos que se fortalecieron a partir de la pandemia. La Jacinda-manía, esa fascinación global que se despertó a partir de la buena gestión de la primera ministra de Nueva Zelanda Jacinda Ardern es, más allá de los titulares, un emergente interesante. Es la prueba de que hay otros valores, más allá de los típicamente asociados con el liderazgo, que importan y mucho en tiempos como éste. Son, en esencia, la empatía, la capacidad para comunicar y, sobre todo, para generar confianza y certidumbre ante un futuro que se presenta como amenazante.

    La OMS recibió muchos cuestionamientos sobre su accionar ante la pandemia. La Unión Europea mostró como pocas veces antes sus disidencias internas. ¿Por qué creés que los organismos multilaterales y las instituciones internacionales se muestran impotentes para hacer frente a situaciones como esta?

    Como en muchos otros ámbitos, la pandemia agudizó las debilidades preexistentes. La Unión Europea ya estaba en crisis, con la cercanía de la salida de Merkel del escenario político, con los problemas internos que enfrenta Macron y, por supuesto, con ese cataclismo que fue el Brexit. Si a eso le sumás la total incertidumbre que impone una pandemia, no es de extrañar que hayan surgido disidencias internas.



    CAROLINA AMOROSO es periodista y autora del libro «Llorarás, historias del éxodo venezolano». Actualmente se desempeña en la señal Todo Noticias de Argentina, donde conduce el programa «TN Internacional». Es Licenciada en Comunicación (UdeSA) y Magister en Periodismo (UTDT). 

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