Los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países, Wang Yi y Serguéi Lavrov, celebraron una reunión de trabajo que se extendió durante dos días. En la conferencia de prensa final, ambos coincidieron en las acusaciones contra Washington. Tanto Pekín como Moscú, consideran que Estados Unidos pretende tener injerencia en terceros países y crear nuevas alianzas cerradas, al estilo de la era de la Guerra Fría. En este sentido, Wang y Lavrov instaron a respetar el orden internacional basado en las instituciones de las Naciones Unidas. Asimismo, los ministros se comprometieron a cooperar entre sí y contra las sanciones impuestas por el gobierno estadounidense y por la Unión Europea (UE).
La ciudad de Guilin, al sur de China, fue sede de la actividad diplomática. La reunión fue organizada por el Gobierno de Xi Jinping tras la cumbre China-Estados Unidos de la semana pasada, celebrada en Alaska. La agenda de la reunión entre Wang Yi y Serguéi Lavrov estuvo determinada por la imposición de sanciones contra funcionarios chinos y dos entidades gubernamentales, por parte de la UE, Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá. Las sanciones anunciadas el lunes constituyen la respuesta occidental ante las supuestas violaciones a los derechos humanos de la minoría uigur en la región de Xinjiang. Por su parte, Rusia ha recibido múltiples sanciones por el caso Navalny.
Pekín devolvió el golpe de inmediato. El Gobierno de Xi anunció sanciones contra una decena de ciudadanos europeos y cuatro instituciones. A su vez, convocó a Nicolas Chapuis y Caroline Wilson, embajador de la Unión y embajadora británica respectivamente, a fin de abordar las falsas acusaciones sobre la situación en Xinjiang. En Europa, los jefes de las delegaciones diplomáticas chinas también han sido convocados. Bélgica, Francia y los Países Bajos esperan expresar su rechazo contra las sanciones del país asiático.
La tensión entre Bruselas y Pekín se ha exacerbado tras la firma del acuerdo de inversiones cuyas negociaciones iniciaron en 2014. Para su entrada en vigor aún resta traducir el texto final y su ratificación por ambas partes. La Comisión Europea ya ha adelantado que la confirmación del acuerdo podría peligrar si empeora la situación generada por las sanciones.
