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    EE.UU. e Irán elevan la tensión y el mundo vuelve a preocuparse

    15 junio, 2019
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    El ataque a dos buques petroleros que fueron dañados (debieron evacuar a sus tripulaciones) en el Golfo de Omán, muy cerca del estratégico estrecho de Ormuz, volvió a elevar la tensión entre Estados Unidos e Irán. La administración Trump no tardó nada en responsabilizar a Teheran por los ataques. Es mas, presentaron pruebas en donde se comprobaría la participación de la Guardia Revolucionaria iraní.

    Esta situación, que se suma a lo que sucedió hace apenas un mes cuando otros cuatro petroleros sufrieron sabotajes, volvió a instalar la sensación de que vuelve a estar cerca la posibilidad de que se desencadene lo que está latente desde que asumió Trump: un inminente enfrentamiento militar entre estos dos países que tendría consecuencias nefastas para todos.

    Como era de esperar, los iraníes negaron cualquier tipo de responsabilidad. Están convencidos que “alguien está tratando de dañar su reputación y enfrentarles con la comunidad internacional”. Se estarían refiriendo a Trump. Ya nadie en ese país quiere saber nada con un posible acercamiento con el presidente norteamericano. El premier japonés Shinzo Abe lo sabe muy bien: mientras estaba en Teherán para mediar entre  Washington, aliada de Tokio, y la República Islámica, con la que Japón tiene relaciones comerciales y económicas «amistosas», el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei dijo que no considera “que Trump sea una persona con la que merezca intercambiar mensajes; no tengo una respuesta para él y no voy a contestarle”.

    El mundo no quiere saber nada con la posibilidad de que esta disputa entre EEUU  e Irán se intente solucionar por las malas. Estos ataques a los buques sucedieron cerca del estrecho de Ormuz, un lugar estratégico por donde pasa buena parte del comercial internacional del petróleo. Las consecuencias para la economía mundial, que ya tiene bastantes problemas con la guerra comercial entre China y Estados Unidos, serían devastadoras.

    Irán no hace mucho por baja la tensión, todo lo contrario: el mes pasado ya había amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz si Estados Unidos le aplicaba más sanciones. También anunció que reactivará su programa nuclear, que ahora parece que ya nadie cree que será solo para fines pacíficos. Arabia Saudita e Israel siempre pensaron eso. El aislamiento de Irán cada vez es mayor. El acuerdo nuclear que EEUU dejó de lado agoniza. Los países europeos, China y Rusia, que también firmaron ese pacto, se muestran impotentes para buscar alternativas políticas y económicas para mantenerlo en pie.

    Recordemos que la salida de EEUU trajo la reimposición de sanciones directa y de las secundarias que castigan a terceros países que comercien con Teherán. Esto ha sido letal porque ni los europeos ni Rusia ni China son capaces de compensar el daño sobre la economía iraní. Y el que mas está perdiendo con todo esto es Rohani, quien fue el hombre clave del régimen iraní para firmar aquel acuerdo. Por eso ahora está acorralado internamente. Si fracasa y el pacto nuclear naufraga, él pagará las consecuencias políticas: los sectores más extremistas que siempre se opusieron al dialogo con Occidente ya se están preparando para vérselas con Trump.

    Por eso a Rohani no le quedan muchas opciones: internamente no resistiría si sentara con Trump sin exigirle primero que vuelve a unirse al acuerdo de 2015. De todos modos, sería muy peligroso e irresponsables si para mantener su poder político Rohani apuesta a  atacar el transporte marítimo en el golfo. Por lo tanto, es posible que el gobierno iraní haya comenzado a responder a las sanciones económicas más duras con el Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos, que se cree que es un jugador clave en estos ataques y actos de sabotaje en el Golfo.

    Por el lado de Trump, viene manteniendo hacia Irán una política bastante coherente desde que asumió. Quizás las más coherente de todas en una agenda internacional caótica. En su relación con Teheran, Trump dejó de lado la diplomacia que había regenerado su antecesor Obama y se dedicó solo a la coerción. Sin embargo en la última semana pareció que aquella estrategia había entrado en crisis: el presidente dijo que estaba dispuesto a negociar con los líderes iraníes. Pero está idea le duró poco porque hace horas dijo que era demasiado pronto para siquiera pensar en hacer un trato con Irán: «No están Listos, y nosotros tampoco”. La línea dura (Pompeo-Bolton) de la administración estadounidense parece que volvió a ganar la puja interna en el gobierno.

    Si bien parece que ni a Irán ni a Estados Unidos les conviene llegar a un enfrentamiento militar, y mucho menos al resto del mundo, ambos países, sobre todos sus sectores mas duros, parecen obstinados en seguir provocándose mutuamente en lo que ya se ha convertido en un juego demasiado riesgoso.

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