En mayor o menor medida las están sufriendo varios países de América del Sur vienen sufriendo crisis económica e inestabilidad política . Esta semana se produjo un “choque de poderes” entre el presidente de Perú, Martín Vizcarra y el Congreso que hizo que durante 48 horas ese país tuviera dos presidentes. Pero el caso más preocupante es sin duda la situación que se está viviendo en Ecuador en donde se produjeron graves enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y la población.
La represión a las violentas protestas que se desarrollaron sobre todo en Quito y Guayaquil dejaron por ahora 14 civiles y 21 policías heridos, además de 277 arrestados. Ante estos hechos, el presidente Lenín Moreno decretó el estado de excepción en todo el país durante 60 días “con el fin de controlar a quienes quieren imponer el caos”. El mandatario aseguró que la intención de los manifestantes fue la de “desestabilizar el Gobierno”.
Con esta medida Lenín Moreno pretende «garantizar la seguridad» y prevenir un posible aumento de las protestas violentas. Desde la medianoche del miércoles no hay transporte y las clases han sido suspendidas en todo el país. Se registran quema de neumáticos para bloquear calles y carreteras en varias ciudades. Es de tal magnitud la tensión social, que se desplegaron militares en la sede del Gobierno, el palacio de Carondelet.
Esta ola de movilizaciones responde al incremento del precio del diésel y de la nafta extra, que se ha producido por la eliminación del subsidio estatal. La medida, con la que el Gobierno pretende ahorrar 1.400 millones de dólares al año, es parte de un paquete de ajustes anunciado por el presidente el martes por la noche.
A pesar de la grave situación, Lenin Moreno se muestra por ahora inflexible: “Quiero insistir en que las medidas anunciadas el martes están en firme, especialmente las relacionadas con un subsidio perverso que estaba causando demasiado daño al país y que distorsionaba la economía». “La decisión tomada por el Gobierno es clave para el presente y futuro de Ecuador y vamos a defenderla”, afirmó.
A la hora de condenar las manifestaciones populares, Lenin Moreno utilizó el mismo discurso con el que la mayoría de los presidentes, sean de derecha o izquierda, recurren cuando atraviesan situaciones parecidas: dijo que los organizadores de las movilizaciones son «golpistas».
La situación en Ecuador es muy similar a la que están atravesando otros gobiernos en la región. Para intentar romper el estancamiento económico producto de las limitaciones estructurales y políticas para llevar adelante políticas de desarrollo que tienen la mayoría de los países de Sudamérica, los gobiernos encaran procesos de reformas muy polémicas, como la laboral, la tributaria o la previsional, que inexorablemente perjudican a amplios sectores de la población y generan resistencia. Y esto tiene altísimos costos políticos para los gobiernos.
Antes que se desatarán las protestas, Lenín Moreno había anunciado en cadena nacional el envío de reformas tributarias y laborales al Congreso, además del alza de todos los combustibles de uso diario para reducir el gasto público, Todas estas decisiones las tuvo que tomar por el acuerdo que con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por USD$ 4,5 mil millones de dólares.
La actual crisis económica en Ecuador esta atravesada por una grieta política profunda. Desde que asumió en 2017, Lenin Moreno mantiene una disputa política feroz con el ex presidente Correa. Recordemos que cuando asumió, Lenin Moreno inesperadamente modificó el perfil ideológico del gobierno y se enfrentó a su antecesor y ex socio político. Correa no se lo perdonó y ahora se ha transformado en el principal crítico de las políticas que califica como neoliberales.
