El candidato de la socialdemocracia alemana consiguió la victoria en el segundo debate que reunió a los tres aspirantes a liderar la Cancillería. Los sucesivos ataques del conservador, Armin Laschet, se enfocaron en los escándalos financieros de Wirecard y Cum-Ex que ocurrieron cuando Scholz era ministro de Finanzas en el Gobierno de Angela Merkel. La audiencia valoró la presentación de sus ideas por parte del socialdemócrata, a quien catalogó como el más competente y creíble de los tres candidatos.
Las encuestas de opinión consolidan a Olaf Scholz en primer lugar con una ventaja de cinco puntos sobre Laschet. Ello explica el cambio de estrategia del conservador, quien en el primer debate había optado por un tono marcadamente moderado. Por su parte, la candidata de los Verdes, Annalena Baerbock, dirigió sus críticas contra ambos rivales. Ante la renovación que representa su partido, Laschet y Scholz encarnan el pasado y el status quo de la política alemana. En este sentido, la única candidata mujer destacó la propuesta de acción por el clima de su partido y denostó la inacción de sus rivales durante los ocho años que ocuparon cargos en el Gobierno de Gran Coalición.
La política exterior estuvo ausente del debate ya que tanto políticos como moderadores priorizaron las cuestiones que atañen al interior de Alemania. Sólo hubo menciones marginales de la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Las preguntas de los moderadores se extendieron sobre la crisis del coronavirus y la gestión de la pandemia. Los candidatos instaron a los votantes a vacunarse de forma unánime. Asimismo, gran parte del debate se concentró en la crisis climática y la transición hacia una Alemania carbono neutral. Otros temas abordados fueron la digitalización, vivienda y el régimen impositivo.
De acuerdo con los sondeos, Scholz necesitará conformar una alianza tripartita que podría abarcar a los Verdes y Die Linke -un partido que se acerca al poscomunismo-. Otra alternativa es que la socialdemocracia alemana (el SPD) consiga el apoyo de los liberales que integran el Partido Democrático Libre (FDP, por sus siglas en alemán). En cambio, Laschet declaró que no está dispuesto a pactar ni con los izquierdistas de Die Linke ni con la ultraderecha que encarna AfD -Alternativa para Alemania-. Ante dicho comentario, tanto Scholz como Baerbock remarcaron que no puede compararse a un partido democrático con una formación política que se encuentra bajo vigilancia por sus tendencias contrarias al orden democrático.
Si los resultados del 26 de septiembre se asemejan a las encuestas, la negociación para formar gobierno podría extenderse durante meses. De momento, los candidatos volverán a verse las caras una vez más antes de los comicios. El último debate televisivo está programado para el próximo fin de semana, en la noche del domingo 19 de septiembre.
