Superando los 106.000 contagios y los 1.073 fallecidos, Rusia ya supera las cifras oficiales de China y ocupa el octavo lugar a nivel mundial en cuanto a casos confirmados. En este contexto, el primer ministro, Mijaíl Mishustin, ha dado positivo en el test por coronavirus y ha procedido a informar a Vladimir Putin que se aislará hasta que pase la infección. En su ausencia lo reemplazará uno de sus viceministros. Ahora la pandemia debería volverse real y tangible para un gobierno que relativiza el impacto del coronavirus.
Esta semana, el Kremlin anunció que todavía no han alcanzado el pico de contagios. A ello se suma un factor importante: este mes hay vacaciones en toda la Federación. Mientras tanto, Putin permanece y trabaja desde su residencia en Novo-Ogaryovo dado que algunas personas de su entorno también han dado positivo en las últimas semanas.
En el día de ayer se registraron más de 7.000 nuevos contagios y 103 nuevas muertes, siendo éste el día récord desde que comenzó el brote en el país. Las medidas de confinamiento se mantienen en una gran cantidad de las regiones, pero aún no ha bastado para ver un impacto positivo en los números y estadísticas. El martes, el presidente ruso anunció la extensión por dos semanas más del “tiempo no laborable remunerado”. No obstante, el cumplimiento de la cuarentena es desigual entre ciudades y territorios.
Otra medida próxima a implementarse es el uso de barbijo en lugares públicos -supermercados y transporte público- en las regiones más pobladas, con Moscú a la cabeza. El Kremlin, que minimizaba la crisis sanitaria, quizás con el caso de Mishustin se empiece a tomar en serio la pandemia y las medidas implementadas sean más claras, obligatorias y abarcativas.
