La Administración Trump fue completamente disruptiva para la historia democrática de Estados Unidos. Si bien el país siempre ha mantenido cierta línea de conducción independientemente de los gobiernos demócratas o republicanos, la presidencia de Donald Trump fue un cimbronazo. Su estilo y algunas de sus políticas lejos estuvieron de corresponderse con la historia del país.
La presidencia de Joe Biden, a un año de gestión, hoy plantea más interrogantes que certezas. Estados Unidos está registrando su inflación más alta en los últimos 40 años, casi 7% anual, impulsada por subas en los precios de alimentos, gasolina, vivienda y autos usados. La Reserva Federal se muestra incapaz de controlar la inflación a partir del anclaje de expectativas. Como si fuera poco, le batalla económica con China, exacerbada durante la gestión Trump, da la sensación de tener a Estados Unidos en desventaja frente a la otra potencia, su mayor acreedor internacional.
El presidente Biden, luego de un shock esperanzador inicial, cada vez se muestra con más dificultades en la gestión. Su loable intento por retornar al país al rol de gran articulador de la agenda internacional está ofreciendo más escollos que resultados. Hoy su figura está devaluada internamente, lo cual repercute en su posicionamiento internacional y fortalece la figura de Donald Trump, quien ya avisó que volverá a presentarse como candidato a presidente en 2024. La vicepresidenta, Kamala Harris, por su parte, no termina de oficiar como sostén del presidente.
