Por Damián Szvalb
El presidente Biden empieza a subir el tono en sus críticas a Israel. Pero no lo hace por el pedido de cese del fuego que aprobó la Asamblea de la ONU por abrumadora mayoría o por las condenas que recibe Israel por la muerte de civiles. O mejor dicho, no solo por eso. A Biden le irrita el desinterés del gobierno de Bibi Netanyahu para definir qué hacer con la Franja de Gaza el día después. Cree que eso es clave para mostrarle al mundo y a los palestinos que esta guerra tiene un final posible.

Por más que la opción de que la Autoridad Palestina se haga cargo de Gaza una vez que Israel termine la guerra parezca impracticable, por su debilidad y su falta de legitimidad, Biden necesita agarrarse de algo o de alguien para intentar asfaltar una salida política. Cree que no hay otra cosa posible luego de que Hamas deje de representar una amenaza para Israel. Además ya arranca la campaña electoral y los republicanos, y sobre todo Trump, son cada vez más favoritos para volver al poder: los progresistas demócratas y parte de su electorado musulmán en estados clave ya no soportan el apoyo que le está dando a Israel.
Más de dos meses después del ataque terrorista de Hamas, la sociedad israelí sigue sin fisuras apoyando la guerra.
Netanyahu se muestra inflexible. Se opone a cualquier rol de la Autoridad Palestina porque cree que es lo mismo que Hamas. ¿Qué escenario imagina entonces para el día después? No se sabe. Bibi cree que tiene una sola opción para no transformarse en un cadáver político: destruir a Hamas. Aunque posiblemente ni eso le alcanzaría. Los conflictos judiciales y la opinión pública lo tienen en jaque a nivel local.

No solo Biden piensa que una vez que termine la guerra, deben reanudarse las conversaciones de paz entre Israel y la Autoridad Palestina para volver al camino de una solución de dos Estados. Trump cree lo mismo. Por eso quiere reflotar si llega al gobierno el plan que armó su yerno, Jared Kushner, en 2020. El problema de ambos es la coalición de gobierno de Israel, que está lejos de aceptar esa posibilidad porque choca contra todas sus creencias, políticas y religiosas.
Netanyahu se muestra inflexible. Se opone a cualquier rol de la Autoridad Palestina porque cree que es lo mismo que Hamas.
Más de dos meses después del ataque terrorista de Hamas, la sociedad israelí sigue sin fisuras apoyando la guerra. De mínima, para empezar a recuperarse del trauma que generó ese salvaje hecho, necesitan convencerse que Hamas nunca más podrá atacarlos. También que vuelvan los secuestrados. Esto explica, más que ninguna otra cosa, que Israel, como acaba de decir Bibi, continuará su ofensiva militar en Gaza “más allá de lo que opine el mundo”. En los próximos días veremos si ese mundo incluye también a Estados Unidos.
