Las protestas por la libertad del activista, Alexei Navalny, se realizaron ayer en decenas de ciudades rusas, a pesar de la prohibición de las movilizaciones impuesta por el Kremlin y la detención de la cúpula del movimiento opositor. En la misma jornada en que Putin ofreció un discurso sobre el estado de la nación, las manifestaciones culminaron con la detención de más de 1700 personas. La abogada Liubov Sobol, número dos del opositor encarcelado, y su vocera, Kira Yarmiysh, fueron arrestadas.
En su alocución ante la Asamblea Federal, Putin advirtió a Occidente que habrá consecuencias si Bruselas y Washington actúan contra los intereses de Rusia. Asimismo, aseguró que las potencias occidentales controlan a Navalny. Pero a las 19 horas de Moscú y San Petersburgo, los manifestantes desafiaron la presencia de escuadrones antidisturbios pidiendo por una Rusia sin Putin y denunciando al presidente de ladrón.
Nalvany cumple una sentencia de dos años y ocho meses de prisión por haber violado los términos de la libertad condicional sentenciada en un caso anterior. El activista fue envenenado con un neurotóxico en un viaje desde Siberia a Moscú, por lo que debió ser tratado en un hospital de Berlín. A su regreso, y tras haber estado en coma, Navalny fue detenido inmediatamente por las autoridades rusas. Desde su encarcelamiento, el estado de salud del crítico del Kremlin se ha deteriorado gravemente. En parte, ello se debe a la huelga de hambre que lleva adelante hace varios días en reclamo de atención médica de un especialista elegido por él.
Un equipo de trabajo sobre Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha instado a Rusia a evacuar a Navalny del hospital para presos al que fue trasladado esta semana desde la colonia penal en la que cumplía su sentencia. Estados Unidos y los países de la Unión Europea también han reclamado al Gobierno ruso que permita al activista recibir atención médica adecuada.
