La masacre que dejó 22 personas muertas el último sábado en un centro comercial de El Paso, Texas, ha dejado expuesto, quizás como nunca antes, al presidente Donald Trump, quien ha sido duramente criticado estos días por alimentar el clima de odio en Estados Unidos.
Esta matanza ocurre en un contexto político tumultuoso en el que el debate político nacional está dominado por el tema inmigración. En verdad es Trump quien lo viene impulsando desde que asumió la presidencia en enero de 2017, sobre todo apuntando a los inmigrantes hispanos proveniente de México y de Centroamérica.
Justamente el atacante de El Paso, que fue arrestado eidentificado como Patrick Wood Crusius y que habría manejado cerca de nueve horas en dirección a la frontera para cometer su matanza, habría publicado un manifiesto en un foro de Internet de extrema derecha en el que se anunciaba un ataque en respuesta a “la invasión hispana de Texas”. Es importante destacar que en El Paso viven 682.000 personas de las cuales el 85% de ellos hispanos.
Por eso, y aunque las autoridades aún no han verificado que Crusius sea el autor del texto publicado de manera anónima, el gobernador Greg Abbot habló de nexos con “un potencial crimen de odio”. De confirmarse su autoría del manifiesto racista, el crimen podría ser tratado como un delito de odio.
El texto supuestamente escrito por Crusius expresa el temor a que los hispanos se hagan con el poder en Estados Unidos. «Estoy sencillamente defendiendo a mi país del reemplazo cultural y étnico producto de la invasión», explica el autor, haciéndose eco de la llamada teoría del gran reemplazo, popular entre los supremacistas blancos.
Quizás por todo esto y para “despegarse” del discurso del asesino, Trump se mostró más duro para condenar estos ataques que en otras oportunidades. Hizo un llamamiento para que Estados Unidos condene «el racismo, la intolerancia y el supremacismo blanco».
Pero no fue mucho más allá, sobre todo en el sensible tema del control de armas. Pero, aunque no propuso una reforma y dijo ante la prensa que “las enfermedades mentales y el odio aprietan el gatillo, no las armas”, instó a través de Twitter a que los congresistas aprueben cambios legislativos que impongan «fuertes» requisitos y procesos de verificación para comprar armas de fuego.
La ex candidata presidencial del Partido Demócrata, Hillary Clinton, salió fuertemente a criticarlo y buscó desacreditar el discurso de Trump. A través de un tuit dijo: «Las personas sufren enfermedades mentales en todos los demás países de la tierra; la gente juega videojuegos en prácticamente todos los países del mundo. La diferencia son las armas».
-El de El Paso fue el mayor crimen de odio contra los hispanos de la historia moderna de EE UU. En lo que va de año, se han producido alrededor de 250 tiroteos múltiples en Estados Unidos, con casi un millar de víctimas, cerca de 250 de ellas mortales. La combinación entre los discursos de odio, que se propagan ilimitadamente y sin control a través de las redes sociales, y la venta libre de armas sigue siendo fatal en Estados Unidos.
