En medio de la crisis de gobierno desatada tras el rechazo a los presupuestos en el Parlamento, el presidente Marcelo Rebelo de Sousa desencadenó el procedimiento que se conoce como “la bomba atómica”: disolvió el Parlamento y convocó a elecciones anticipadas. De este modo, los portugueses deberán acudir a las urnas el próximo 30 de enero. La semana pasada, el primer ministro socialista, António Costa, había presentado su proyecto presupuestario. Éste fue rechazado luego de que el Jefe de Gobierno perdiera el apoyo de la bancada de izquierda.
Rebelo de Sousa ya había dejado en claro que la coyuntura a la que Portugal debe sobreponerse obliga al Gobierno a aprobar un presupuesto decisivo. Sin un plan presupuestario, el país no podrá hacer frente a la crisis ocasionada por la pandemia ni acceder a los fondos provenientes del Plan de Recuperación y Resiliencia de la Unión Europea. El proyecto rechazado por la Asamblea de la República preveía un gasto público de 1.000 millones de euros procedentes del plan europeo de recuperación. El mandatario también había adelantado que, de no aprobarse el presupuesto, Portugal tendría nuevas elecciones.
Desde la publicación de la disolución de la Asamblea de la República deben pasar entre 55 y 60 días para que se celebren las elecciones. Dada la proximidad con las fiestas de fin de año y la necesidad de que se lleve adelante la campaña electoral, el Jefe de Estado consideró propicio posponer la votación hasta finales del primer mes de 2022. Asimismo, esta fecha permite a la Asamblea de la República culminar el tratamiento de algunos proyectos de ley clave.
Antes de tomar la decisión, Rebelo de Sousa se reunió con el Consejo de Estado. Este órgano reúne a antiguos presidentes, representantes de la Asamblea y el Jefe de Estado. El selecto grupo aprobó la disolución de la Asamblea legislativa casi por unanimidad. A pesar de haber votado en contra del presupuesto 2022, solamente el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista Portugués se opusieron al llamado a elecciones.
