La situación en la frontera ruso-ucraniana es cada vez más delicada. Mientras se espera el envío por escrito de la respuesta de Estados Unidos a las demandas de Rusia, documento que incluirá también las propias demandas de Estados Unidos, a ambos lados de la frontera el despliegue de fuerzas aéreas, terrestres y navales aumenta sin cesar.
Los máximos líderes involucrados en el conflicto poco colaboran. El presidente estadounidense, Joe Biden, aseguró que, si bien no hay intenciones de poner fuerzas de la OTAN o estadounidenses en Ucrania, «habrá graves consecuencias económicas si Putin se mueve en este sentido». Y redobló: dijo que impondrá sanciones «personalmente» si Putin decide avanzar.
Por su parte, desde el Kremlin condenaron estas declaraciones de Biden, a las que calificaron como «destructivas». El portavoz del Gobierno ruso, Dimitri Peskov, denunció que la OTAN y Estados Unidos montaron una «amenaza fantasma» sobre una eventual invasión rusa a Ucrania, con el solo objetivo de proveer armamento y fortalecer las capacidades bélicas de la ex república soviética.
Cada día la tensión escala un poco más. Lo que queda de esta semana será clave para ver si las negociaciones logran avanzar para evitar un enfrentamiento, que sería el de mayor escala desde la Segunda Guerra Mundial. Si bien hay espacios en la agenda para que la diplomacia triunfe, lo cierto es que Putin parece haber llegado demasiado lejos en el despliegue de fuerzas y que cualquier opción que no sea un enfrentamiento armado lo dejará debilitado a nivel interno e internacional.
