Estados Unidos acusó a Rusia de poner en riesgo la integridad de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés). En el marco de los ejercicios militares que está llevando adelante el Kremlin, las fuerzas rusas lanzaron un misil antisatélite que generó una lluvia de cientos de pedazos de basura espacial al alcanzar su objetivo. En consecuencia, una gran nube de chatarra ahora orbita la Tierra.
El cúmulo de basura se acercó peligrosamente a la ISS y los siete astronautas que actualmente se encuentran allí debieron refugiarse en dos naves espaciales. Washington declaró que la operación atenta contra los intereses de todas las naciones. Por su parte, Moscú afirmó que la prueba se llevó a cabo con suma precisión. Asimismo, el ministerio de Defensa ruso comunicó que los fragmentos del satélite destruido no suponen amenaza alguna para las actividades que se desarrollan en la ISS.
El incidente, provocado por la destrucción de una nave espacial no operativa que orbitaba nuestro planeta desde 1982, llega en un momento de alta tensión entre Rusia y Occidente. En las últimas semanas se produjeron nuevas movilizaciones de tropas rusas en la frontera con Ucrania. La comunidad de inteligencia norteamericana ya ha alertado que la situación resulta demasiado familiar, destacando las similitudes con el accionar de Moscú antes de la anexión de la península ucraniana de Crimea en 2014.
Rusia ha reafirmado su derecho a testear misiles antisatélite asegurando que Estados Unidos, India y China también han realizado pruebas similares. Además, el Kremlin destacó que la creación de una fuerza espacial dentro de las fuerzas armadas norteamericanas constituye una amenaza de la que Rusia debe estar capacitada para protegerse. Hace algún tiempo que la potencia euroasiática viene insistiendo en la necesidad de un acuerdo con Estados Unidos que regule el despliegue de armas en el espacio exterior.
