Ayer, al menos cinco personas murieron y más de 100 resultaron heridas cuando fragmentos de misiles cayeron sobre bañistas durante un ataque ucraniano a la ciudad de Sebastopol en Crimea. La península es ocupada por Rusia desde 2014.
En respuesta, el Kremlin amenazó a Estados Unidos de posibles «consecuencias» y convocó a su embajadora en Rusia. Según Moscú, el bombardeo ucraniano del día previo en Crimea, se hizo con misiles estadounidenses.
El portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, calificó el bombardeo contra Sebastopol de «barbarie» y acusó a Washington de «matar a niños rusos». Dos de las cuatro víctimas del ataque contra la península anexada por Moscú en 2014 eran menores.
«Es evidente que la participación de Estados Unidos en los combates, su participación directa, que conlleva la muerte de ciudadanos rusos, tiene que tener consecuencias», insistió Peskov. «El tiempo dirá cuáles serán», añadió.
Para Rusia, Washington «tiene la misma responsabilidad que el régimen de Kiev en esta atrocidad», añadió después en un comunicado. El ataque «no quedará impune», insistió.
