Vladimir Putin parece desvelado por una situación particular: el avance de la OTAN en las cercanías del territorio ruso. Los objetivos de Moscú se centran en limitar toda presencia de la OTAN en los alrededores del Cáucaso y de todo el territorio otrora parte de la Unión Soviética. Es en esta línea que el Gobierno de Vladimir Putin ha exigido a la Alianza occidental limitar su injerencia en la situación que actualmente se está desarrollando en la frontera rusoucraniana y el cese de la incorporación de países de la región a la alianza.
Putin está intentando blindar a Rusia de toda injerencia de la OTÁN. Para ello, quiere reflotar un escudo protector en el que los países del Cáucaso, aunque no sean aliados, al menos no sean parte de la OTAN (lo que permitiría a Europa Occidental y Estados Unidos posicionar tropas en territorio lindero con Rusia). En esta cruzada, la cuestión de Ucrania figura como la más compleja. La anexión de la península de Crimea por parte de Rusia en 2014 es el ejemplo de lo que puede pasar hoy. La amenaza de nuevas invasiones por parte de Rusia a Ucrania tiene en alerta a la OTAN, a la que Ucrania espera incorporarse. Además, Putin cuenta con el apoyo de Bielorrusia, donde gobierna el presidente Lukaschenko, uno de sus aliados regionales. Perdido ya el apoyo de Estonia, Lituania y Letonia, Putin puso su foco en lograr blindaje en el sur: su mediación en el conflicto bélico entre Armenia y Azerbaiyán le permite hoy tener sus pies en ambos países. Georgia, perdida para Putin, como los países del Báltico.
A su política de generación de este escudo protector, Putin le suma otros elementos en su estrategia defensiva contra la OTAN. Quizá el más relevante sea aprovechar la dependencia europea del gas y el petróleo provenientes de Rusia. Putin tiene el poder de bajar la palanca a la economía occidental europea, con excepción de Reino Unido y Noruega, lo cual es un arma muy relevante en esta disputa y condiciona seriamente el accionar de los países de la Unión Europea.
Lo que está claro es que, desde la caída de la ex Unión Soviética, jamás hubo tantas chances de asistir a un enfrentamiento bélico de gran escala entre Rusia y Occidente (con Estados Unidos como líder). Las posiciones parecen tan desencontradas que es difícil pensar en una solución real y duradera, en un escenario en el que nadie quiere ceder.
