Los presidentes de Rusia y China participaron de la cumbre de líderes de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), la cual propició un encuentro paralelo de carácter bilateral. Se trata del primer encuentro presencial entre ambos mandatarios desde que Putin ordenó la invasión a Ucrania el 24 de febrero de este año. A su vez, es el primer viaje de Xi fuera del país desde que comenzó la pandemia de Covid-19.
Por un lado, el encuentro es una muestra -cautelosa- de respaldo hacia el Kremlin por parte de Beijing. Por otro, funciona como una vidriera para que Xi refuerce su imagen de estadista central en la geopolítica, en las semanas previas al Congreso del Partido Comunista pautado para el mes próximo. En su discurso ante sus pares, Putin resaltó la postura medida y equilibrada de China respecto de la crisis en Ucrania a la vez que rechazó las provocaciones de Estados Unidos en Taiwán y reiteró el compromiso ruso con el principio de “una sola China”. Por su parte, Xi evitó hacer alusión a Ucrania pero luego emitió un comunicado afirmando que el gigante asiático está listo para trabajar con Rusia en vistas a reforzar el apoyo mutuo en lo que refiere a los intereses principales de cada país.
La OCS, fundada en 2001, es una alianza de cooperación política, económica y de seguridad que apunta a contrarrestar la influencia de Estados Unidos en Eurasia. Además de China y Rusia, también abarca a India y otros países de Asia central como Kazajstán. Esta semana, Irán confirmó su intención de incorporarse a la organización en una clara señal de alineamiento entre los rivales principales de Washington.
La última vez que Putin y Xi habían celebrado una cumbre bilateral fue a comienzos de febrero pasado, cuando anunciaron que el vínculo entre ambos países es inquebrantable y sin límites. Siete meses más tarde, ambos se encuentran en posiciones más debilitadas que en aquel momento. El Kremlin se vio obligado a hacer retroceder a sus tropas en Ucrania al mismo tiempo que se recrudece el impacto del aislamiento económico resultante de las sanciones impuestas por Occidente. En tanto, el Gobierno de Xi Jinping se enfrenta a las consecuencias económicas de la política de “Covid cero” implementada para contener la propagación del virus, el desencanto de la población a nivel doméstico y, a nivel global, una reputación sumamente socavada por el mal manejo local de la situación sanitaria en 2020.
