En su primer viaje internacional desde la toma de poder, los talibanes buscan mantener conversaciones con delegados de Noruega, la Unión Europea, Estados Unidos, y grupos de activistas afganos. La ronda diplomática se extenderá durante tres días y apunta a abordar la crisis humanitaria que atraviesa Afganistán.
La ministra de Relaciones Exteriores de Noruega, Anniken Huitfeldt, subrayó que las reuniones a celebrarse en su país no implican la legitimación ni el reconocimiento de los talibanes. No obstante, el gobierno noruego considera que es necesario mantener conversaciones con las autoridades afganas a fin de impedir que la situación política derive en una catástrofe humanitaria. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores del gobierno talibán y líder de la delegación afgana, Amir Khan Muttaqi, planteó que la visita a Oslo marcará un antes y un después en el vínculo con Europa.
Durante el fin de semana, la delegación de la milicia islamista se reunió con representantes de la sociedad civil afgana. Durante el lunes, la agenda prevé encuentros con delegados de la Unión Europea, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Alemania e Italia. La jornada del martes estará dedicada a reuniones con las autoridades de Noruega. Es de esperar que los talibanes busquen discutir con Washington tres puntos clave: la congelación de activos, la salida de la lista negra para muchos de sus líderes y los lazos diplomáticos entre ambos países.
El gobierno de facto de Afganistán responsabiliza a la comunidad internacional por la crisis económica y humanitaria que actualmente atraviesa el país. En particular, tras la retirada de las tropas occidentales y la consecuente toma del poder por parte de los talibanes en 2021, los flujos de dinero hacia Afganistán quedaron suspendidos. Noruega ya ha impulsado múltiples rondas de negociaciones entre los talibanes y la comunidad internacional. Sin embargo, es probable que los resultados de este encuentro se vean condicionados por la voluntad -y las acciones concretas- de la delegación afgana, así como también por las prioridades que la coyuntura geopolítica impone a las capitales occidentales.
