El ex presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva, se enfrenta al actual mandatario brasileño Jair Bolsonaro en la carrera por la presidencia. Si gana las elecciones en octubre, Lula asumiría su tercer mandato. Tras el inicio formal de la campaña, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) anunció cuál será su programa de gobierno. Entre los proyectos se incluye un plan de obras públicas a gran escala orientado a generar empleo y la suspensión de las actividades mineras ilegales en el Amazonas.
El líder izquierdista encabeza las encuestas de intención de voto con una ventaja de alrededor de 18 puntos. Sin embargo, el margen que lo separa de Bolsonaro ha ido menguando en las últimas semanas. Esta semana, los candidatos presidenciales participarán de la primera ronda de entrevistas en el principal noticiero de la televisión brasileña, el Jornal Nacional. Aún quedan 41 días para las elecciones, que ya se anticipan polarizadas. Por ahora, la campaña está plagada de desinformación y noticias falsas.
Brasil atraviesa un momento de débil recuperación económica mientras 33 millones de personas (16% de la población total) se encuentran sumidas en la extrema pobreza y padecen de hambruna. Es en este contexto en que Lula se remonta a su trayectoria como primer mandatario: en 2003 asumió la presidencia cuando la inflación alcanzaba el 12% y la tasa de interés se ubicaba en el 24%. Hoy el índice de precios al consumidor se encuentra nuevamente cerca del 12% y los tipos de interés en 13,75%.
La diferencia radica en otro nivel: el internacional. La economía global, la guerra en Ucrania, la crisis en Taiwán y la creciente tensión entre Estados Unidos y China restringen las oportunidades para la potencia regional que supo sacar rédito de los años de bonanza de las commodities en los 2000.
Entre las promesas de Lula se incluye la modificación del acuerdo comercial -aún sin ratificar- entre el Mercosur y la Unión Europea, un aumento del salario mínimo y una restricción a la privatización de empresas públicas. A su vez, el expresidente anunció que su gestión se enfocará en la responsabilidad fiscal ya que ningún país “serio” puede gastar más de lo que tiene. También otorgó prioridad al medio ambiente, aunque subrayó que necesitará de la cooperación de la comunidad internacional para proteger el Amazonas. Por último, Lula se mostró preocupado por la difusión de noticias falsas por la que responsabilizó a los partidarios de Bolsonaro, aunque aseguró que confía en que su principal rival acatará el resultado de la elección incluso si conlleva su salida del Gobierno.
