Chile aprobó la famosa ley de las «40 horas”, que reduce la jornada laboral a 8 horas diarias (de 45 a 40 durante la semana) sin reducir el salario percibido. La iniciativa se presentó en 2017, pero nunca logró prosperar en el Parlamento.
La nueva ley cumple con la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Al respecto, una de las impulsoras del proyecto, la diputada Karol Kariola, afirmó que «reducir la jornada laboral era darle una mayor valorización al tiempo de los trabajadores y trabajadoras, que las pruebas empíricas demuestran que la reducción de la jornada laboral y entregar mejores condiciones aumenta la productividad en las empresas”.
La aprobación de la nueva normativa es un gran triunfo del presidente Boric, y de toda la izquierda chilena. Ellos fueron los impulsores del proyecto. Además de la baja en la cantidad de horas trabajadas, la norma supone otros cambios. Por ejemplo, establece entrada y salida diferenciada para quienes tienen a su cuidado a menores de 12 años. También la posibilidad de establecer un régimen de común acuerdo con el empleador, por el cual el trabajador pueda trabajar diez horas diarias durante cuatro días a cambio de descansar tres.
La nueva normativa de Chile sobre la jornada laboral tendrá una aplicación progresiva. Cuando se cumpla el primer año de su promulgación, que será el 1 de mayo, se deberá llegar a 44 horas de trabajo semanal, a 42 al tercer año y a 40 el quinto año. Dentro del desglose legal, se contemplan una serie de trabajos con regímenes especiales. Por ejemplo, el realizado por trabajadores domésticos. También tareas excepcionales como las desempeñadas por mineros, pescadores y el área del turismo. Todas deberán ser compensados con días de descanso adicionales para promediar las 40 horas de trabajo semanales. Lo mismo pasa con diferentes mecanismos de apoyo a las medianas y pequeñas empresas para que puedan cumplir con las horas de trabajo establecidas.
