El electorado estadounidense no sólo se divide en demócratas y republicanos. Hay un gran número de electores independientes que han votado por el candidato de un partido en una ocasión y en las elecciones siguientes, lo han hecho por el candidato del otro -primero por Obama y luego por Trump, por ejemplo-.
Tras las primarias en Iowa de la semana pasada, que terminaron con fallas en la transmisión de resultados y sin la definición de un claro ganador, hoy es el turno del estado de New Hampshire. En este tradicional swing state, los votantes que se identifican como independientes superan el 40% del electorado. Históricamente, ambos estados han sido los que allanaron el camino en la definición por el candidato a presentarse en las elecciones de noviembre por el partido demócrata. Tal es así que ningún candidato ha obtenido la nominación de la Convención Nacional Demócrata sin haber resultado electo en primer o segundo lugar en las primarias de New Hampshire.
En esta primera parte del largo camino hacia el martes 3 de noviembre, pareciera que la contienda al interior del partido deberá definirse entre el senador por Vermont, Bernie Sanders, y Pete Buttigieg, ex alcalde de South Bend, Indiana. La campaña de todo el espectro demócrata, que inició con cruces y críticas entre los propios candidatos del partido, ha virado hacia una clara oposición al presidente Donald Trump, en un intento de cada uno de ellos por erigirse como el contendiente más capacitado para vencer al republicano.
Quizás lo más destacable de los cierres de campaña de ayer por la noche sea lo dicho por Elizabeth Warren. La oriunda de Massachusetts, que obtuvo el 20% de los votos en Iowa, aseguró que los demócratas no pueden repetir lo ocurrido en 2016, es decir, que si realmente buscan es impedir la reelección de Trump, no pueden llegar a las elecciones generales enfrentados entre sí.
