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    También en Israel: los ultraortodoxos protestan contra las restricciones impuestas para hacer frente al COVID-19

    28 enero, 2021
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    En Jerusalén, el barrio ultrarreligioso de Mea Shearim muestra a las claras la postura ultraortodoxa ante la pandemia: casi nadie lleva tapabocas ni se respetan las distancias recomendadas por gobiernos y organizaciones internacionales por igual. A su vez, las escuelas rabínicas y sinagogas se llenan a pesar de que rige un estricto confinamiento general. Las fuerzas de seguridad se vieron obligadas a intervenir ante este escenario de total indiferencia sobre la situación sanitaria. La intervención de la policía generó enfrentamientos y disturbios. Como en los Países Bajos, se han quemado vehículos y paradas de tranvía en Tel Aviv, Bnei Brak, Beit Shemesh y Jerusalén.

    Los jaredíes, que constituyen el 13% de la población israelí, representan más de un tercio de los contagios registrados en el país. Así, la frágil coexistencia de esta minoría ultraortodoxa con la mayoría judía laica o religiosa moderada se ha visto resquebrajada. Las tensiones se han incrementado ante el crecimiento acelerado del número de casos que se ha dado en paralelo a la campaña de vacunación.

    La influencia política de los jaredíes se ha incrementado a la luz de su crecimiento demográfico a lo largo de las últimas décadas. La Unión por la Torá y el Judaísmo (UTJ) y el partido Shas aglutinan a los ultraortodoxos de la rama centroeuropea (askenazi) y la rama oriental (sefardí), respectivamente. Desde 2015, ambos partidos forman parte de la alianza que sostiene al Gobierno de Benjamin Netanyahu en la Kneset. El apoyo a Bibi es retribuido con recursos estatales para los centros de educación ortodoxos, entre otros.

    Tras los disturbios, otros partidos que integran el Parlamento israelí han dejado entrever que se debatirá la posible exclusión de los partidos ultraortodoxos de la coalición de Gobierno que surja de las elecciones previstas para el 23 de marzo. El ex primer ministro Yair Lapid y el conservador Avigdor Lieberman encabezan la estrategia para vetar la participación de los ultraortodoxos en el Ejecutivo. Tanto el otrora Jefe de Gobierno como el antiguo asociado de Netanyahu intentaron –sin éxito– reformar el servicio militar del cual los jóvenes jaredíes estaban eximidos.

    Bibi Netanyahu necesita del apoyo de los ultraortodoxos en la Kneset para librarse del proceso judicial por corrupción que pesa sobre él. Si ello motivó la falta de aplicación de sanciones para los jaredíes que violaron las restricciones, los disturbios de los últimos días y su repercusión mediática pondrán en jaque al primer ministro israelí. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, el apoyo de la mayoría de la población –laica y religiosa moderada– también será clave a la hora de determinar quién gobernará Israel.

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