UNICEF informó que ya pasaron 1.000 días desde que el régimen talibán impuso el veto a la educación de las niñas en Afganistán, lo que marcó un enorme retroceso en los derechos de las mujeres en Afganistán.
El país es hoy el único en el mundo que prohíbe la educación femenina. Esto implica un costo para el país de aproximadamente el 2,5 por ciento de su producto interno bruto (PIB) anual, según análisis de Unicef, o más de 5.000 millones de dólares de acuerdo con la agencia humanitaria Care International.
Esas cifras están estimadas en base a los ingresos con los que podrían contribuir las mujeres si se les permitiera estar escolarizadas y entrar al mercado laboral. Actualmente, el 80 por ciento de las niñas y mujeres jóvenes afganas en edad escolar, más de 2,5 millones de personas, no están escolarizadas, según agencias internacionales.
«1.000 días sin asistir a la escuela equivalen a 3.000 millones de horas de aprendizaje perdidas», dijo en una declaración escrita la directora ejecutiva de Unicef, Catherine Russell. Para Russell, el impacto de la prohibición va más allá de las propias niñas, «exacerbando la actual crisis humanitaria y teniendo graves ramificaciones para la economía y la trayectoria de desarrollo de Afganistán».
