Tras semanas de rispideces y discusiones sobre el abordaje de la crisis sanitaria, Jair Bolsonaro ha dejado sin funciones al titular de la cartera de salud. Mientras el primer mandatario ha minimizado la pandemia, Luiz Henrique Mandetta -hasta ahora a cargo del Ministerio de Salud- ha defendido la implementación de la cuarentena y el distanciamiento social obligatorio en todo el territorio carioca.
El COVID-19 ya ha causado la muerte de cerca de 2.000 personas y más de 28.000 han contraído el virus desde finales de febrero, cuando se detectara el primer caso en el país.
El nuevo ministro de Salud, Nelson Teich, planteó su alineamiento total con la postura del presidente a la vez que anunció que de momento no habrá modificaciones en las cuarentenas ordenadas por los gobernadores. Estos últimos han seguido, aunque de manera dispar, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y en general rigen cuarentenas desde hace tres semanas. Colegios, comercios y oficinas se encuentran cerrados desde marzo, siendo San Pablo el Estado más prominente en la implementación de las medidas.
Mandetta, ahora destituido, se había vuelto popular entre la ciudadanía gracias a las conferencias de prensa diarias en las que se abocó a informar sobre la pandemia de manera didáctica y apelando a la ciencia.
A pesar del escenario global, y los virajes de postura de otros líderes del mundo que inicialmente minimizaron la situación, Bolsonaro mantiene firme su postura de descreer de la eficacia del aislamiento social y sostiene que salvo ancianos y enfermos, el resto de la población no tiene motivos para aislarse. Asimismo, considera que el golpe que recibirá la economía a causa del confinamiento masivo tendrá consecuencias mucho más graves que la pandemia en sí.
