A los 36 años, Gabriel Boric se ha convertido en el nuevo líder del país sudamericano. Con raíces que se remontan a las protestas estudiantiles, el joven dirigente promete impulsar cambios profundos en la política chilena. Aunque de izquierda, el flamante presidente ha tomado distancia de otros dirigentes de la región como Nicolás Maduro y Daniel Ortega. En cambio, dice encontrar más puntos de contacto con figuras como el expresidente brasileño Lula o Gustavo Petro, actual candidato presidencial en Colombia.
El recién establecido gabinete promedia los 49 años y se compone de una mayoría de mujeres. Además, Boric alcanzó la presidencia con una alianza de partidos de izquierda más recientes junto a fuerzas políticas más tradicionales. Los consensos al interior de esta coalición serán la base de un Gobierno que aspira a adquirir un perfil feminista, impulsor del desarrollo sostenible y la proximidad con la ciudadanía.
Boric llega a La Moneda en medio del proceso de la Convención Constituyente, abocada a la redacción de una nueva Ley fundamental para Chile. Se trata de un momento inédito que exacerba las expectativas de una sociedad que ansía un Estado más preocupado por saldar los clivajes, principalmente socioeconómicos, que la atraviesan.
Si efectivamente se produce un cambio constitucional, el nuevo mandatario deberá implementar una reforma institucional general. El eventual shock institucional también coincidirá con las repercusiones de la situación en Ucrania y el aumento del precio del petróleo sobre la economía local. De cara al pronóstico de turbulencias, Boric ya nombró a Mario Marcel, un referente de la economía chilena y expresidente del Banco Central, al mando de la cartera de Hacienda.
