La policía israelí irrumpió en la mezquita de Al Aqsa horas antes de que miles de nacionalistas israelíes marcharan por el barrio musulmán de la Ciudad Vieja. Alrededor de 180 ciudadanos palestinos resultaron heridos. Las fuerzas de seguridad lanzaron gases lacrimógenos en el interior de tercer lugar sagrado del islam durante el primer rezo de la mañana. En los alrededores de la mezquita ambas partes se enfrentaron con pedradas y granadas aturdidoras.
Los sucesos de esta mañana se enmarcan en la nueva ola de enfrentamientos que comenzó el pasado viernes. Se trata de una de las más graves desde la Segunda Intifada. Es en este contexto que la policía ha restringido la circulación de ciudadanos israelíes en la Explanada de las Mezquitas durante la celebración del Día de Jerusalén prevista para hoy. La conmemoración de la captura de la parte oriental de la ciudad por el Ejército de Israel durante la guerra de los Seis Días en 1967 sólo puede incrementar la tensión.
El estallido de los enfrentamientos en Jerusalén responde a la decisión -aún pendiente de confirmación- del Tribunal Supremo israelí acerca del desahucio de un número de familias palestinas de las viviendas que habitan desde hace más de 70 años en el distrito de Sheij Yarrah. A su vez, ha habido manifestaciones por la instalación de barreras policiales en el principal acceso al barrio musulmán.
Desde el pasado viernes, más de 500 palestinos y 30 agentes de policía han resultado heridos. Desde Washington, el Departamento de Estado rechazó toda medida que contribuya a la escalada de las tensiones. Éstas abarcan los desahucios en la zona oriental de la ciudad, la colonización, las demoliciones de viviendas y los actos de terrorismo.
