En su segundo discurso del estado de la Unión, Donald Trump no sorprendió a nadie, todo lo contrario. Si bien el presidente republicano usó buena parte de su discurso en hacer una llamamientos a la unidad y a la cooperación, no perdió la oportunidad de reforzar su posicionamiento sobre temas que profundizan la grieta en su país. Por ejemplo insistió en reforzar las fronteras para detener la inmigración irregular y les dijo a los congresistas que lo escuchaban que la mayoría se ellos habían votado “por un muro (con México), pero el muro adecuado nunca se construyó. Yo lo construiré». Dijo que el muro es una obra necesaria para combatir una inmigración irregular que vinculó con la delincuencia.
También aseguró que Estados Unidos no será nunca un país socialista y pidió una “ley para prohibir el aborto tardío de niños que pueden sentir dolor en el vientre de la madre». Tuvo tiempo de jactarse de los logros económicos y de su firme posicionamiento frente al resto de las potencias mundiales. «Se está produciendo un milagro económico en Estados Unidos y lo único que puede detenerlo son las guerras estúpidas, la política o las investigaciones partidistas ridículas». En este sentido, reclamó el fin de la investigación de la trama rusa. Dijo que era “ridícula y partidista”.
No se olvidó de Venezuela y condenó “la brutalidad del régimen de Maduro, cuyas políticas socialistas han convertido a la nación más rica de Sudamérica en un Estado de pobreza extrema y desesperación». Trump confirmó que los próximos días 27 y 28 de febrero se celebrará una segunda cumbre con el dictador norcoreano Kim Jong-un, para abordar la desnuclearización del país.
