En el día de ayer, la ex candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, ratificó su apoyo a Joe Biden. Aunque no resulta extraño que la antigua Secretaria de Estado apoye a quien fuera vicepresidente durante la misma administración -bajo el liderazgo de Barack Obama-, sí llega en un momento clave de la carrera hacia noviembre en el marco de la cancelación de las primarias en Nueva York.
El apoyo de Clinton se suma al de todos los precandidatos demócratas que ya han dejado la competencia al interior del partido, y también al de Nancy Pelosi, portavoz de la Cámara de Representantes. La ex líder del Departamento de Estado incluso llegó a admitir vía sus redes sociales que quisiera que Biden estuviera en la Casa Blanca ahora ya que Estados Unidos necesita de un “presidente real” que haga frente a la crisis sanitaria y no un Jefe de Estado que “interpreta un papel televisivo”.
Biden se encamina al 3 de noviembre con todos los grandes nombres de su partido apoyándolo. Sin embargo, el fantasma del 2016 lo sigue de cerca en tanto las fracturas al interior del bloque demócrata fueron insuperables y Hillary Clinton no llegó a ser la primera mujer en alcanzar la presidencia de los Estados Unidos. Este año, Biden juega por la revancha. Por un lado, debe asegurarse que el ala más progresista no termine por abandonarlo. Por otro, es fundamental que sortee el desafío que implica la pandemia, la cual seguramente impactará en el desarrollo de las elecciones.
