El régimen iraní ejecutó públicamente a dos manifestantes, mientras al menos otros 10 esperan la ejecución de la misma condena. Se trata del joven Mohsen Shekari y el luchador Majid Reza Rahnavard, ahorcado en la ciudad santa de Mashad.
Desde el inicio de las protestas en Teherán tras la muerte de Mahsa Amini, la mujer iraní muerta a manos de las fuerzas de seguridad por usar incorrectamente el velo, más de 400 personas fueron detenidas y 300 fallecieron. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos aseguran que son miles las personas detenidas. El fiscal general de la provincia de Teherán, Alí al Qasimehr, ha indicado que 160 personas han sido sentenciadas a penas de entre cinco y diez años de cárcel, mientras que otras 80 han sido condenadas a penas de entre dos y cinco años de prisión.
Desde la comunidad internacional condenaron las ejecuciones. “Estas sentencias duras, y ahora la primera ejecución pública (por las manifestaciones) están destinadas a intimidar al pueblo de Irán, están destinadas a suprimir la disidencia y sencillamente demuestran lo mucho que los dirigentes iraníes tienen miedo de su propio pueblo”, declaró a la prensa el portavoz del departamento de Estado de Estados Unidos, Ned Price.
