Tras tres años de boicot, los principales partidos de la oposición accedieron a participar de las elecciones a gobernadores y alcaldes. De este modo, han abandonado su principal estrategia ante el Gobierno de Nicolás Maduro.
Los candidatos opositores han sido víctimas de acoso a la vez que vieron vedadas sus carreras electorales en múltiples ocasiones. Ello motivó la decisión de boicotear todas las elecciones desde 2018 en adelante. A pesar de la alta probabilidad de que el oficialismo vuelva a cometer fraude en los comicios de noviembre, esta semana algunas de las figuras clave anunciaron que harán un último intento por reavivar la llama de sus bases de apoyo.
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, viene trabajando hace meses para lograr la participación de candidatos de la oposición en las elecciones. La estrategia apunta a reconstruir un mínimo de legitimidad internacional para el país sudamericano. La cúpula opositora, una de cuyas figuras es Juan Guaidó, considera que la participación puede establecer los cimientos para futuras elecciones presidenciales y legislativas. Además, aún conservan la esperanza de aliviar la crisis alimentaria y sanitaria que atraviesa Venezuela.
La influencia de Guaidó a nivel local ha ido decreciendo sostenidamente en el último tiempo. Paralelamente, el apoyo que había recibido por parte de la comunidad internacional -especialmente de la Unión Europa- también se ha diluido. Es notable su ausencia en el anuncio de la oposición, en la que participaron sus pares de otros partidos, como Henry Ramos Allup.
Antes del anuncio, otras agrupaciones políticas que se oponen al régimen de Maduro ya habían lanzado sus propias campañas, compitiendo por 335 alcaldías y 23 gobernaciones. Las Naciones Unidas, la Unión Europea y el Carter Center de Estados Unidos han recibido invitaciones para ejercer el rol de observadores del proceso democrático. Sin embargo, no hay certezas sobre el mandato de cualquier misión observadora.
