Llegó el día. Hoy finalmente Lula y Bolsonaro se miden en las urnas, y así cierra una etapa que comenzó hace dos años, cuando Lula fue habilitado por la Justicia para ejercer la función pública nuevamente. Hasta ese momento, Bolsonaro había gobernado sin oposición significativa. Si ninguno de los siete candidatos alcanza el 50% de los votos, se prevé que la segunda vuelta sea celebrada al cabo de cuatro semanas.
El último jueves se realizó el debate final entre los candidatos a la presidencia de Brasil. Todavía a la cabeza en las encuestas, el expresidente Lula da Silva recibió acusaciones de corrupción por parte de sus seis rivales. El actual presidente Jair Bolsonaro llegó al extremo de calificar a Lula de mentiroso, expresidiario y traidor a la patria. Además de los dos principales contendientes en el debate participaron otros cinco candidatos, ubicados todos por debajo del 6% en intención de voto. Según las encuestas, Lula estaría en condiciones de ganar en primera vuelta el próximo domingo. El debate parecía ser una oportunidad clave para que Lula diera el golpe final contra Bolsonaro. Durante las tres horas de preguntas, el expresidente y líder del PT adoptó una postura ofensiva, respondiendo a cada acusación y crítica en su contra. A su vez, no perdió oportunidad para lanzar críticas contra su rival. Bolsonaro tampoco consiguió esquivar las declaraciones de otros candidatos en relación a las sospechas de corrupción asociadas a él y su familia que han surgido a lo largo de su mandato.
Brasil atraviesa un momento de débil recuperación económica mientras 33 millones de personas (16% de la población total) se encuentran sumidas en la extrema pobreza y padecen de hambruna. La economía brasileña entró en recesión en 2021 y, si bien volvió a crecer desde hace casi un año y la tasa de desempleo cayó a 9,1% en julio, la mejora está lejos de ser percibida por la población en general. El 15% de brasileños (unos 33 millones de personas) pasa hambre y otra cantidad similar sufre de inseguridad alimentaria moderada, de acuerdo a un estudio divulgado el miércoles por la red Penssan. Si a ellos se suma el 28% de la población considerados con inseguridad alimentaria leve, más de la mitad de los brasileños padece o se inquieta en alguna medida por el problema: 125 millones de personas.
Es en este contexto en que Lula se remonta a su trayectoria como primer mandatario: en 2003 asumió la presidencia cuando la inflación alcanzaba el 12% y la tasa de interés se ubicaba en el 24%. Hoy el índice de precios al consumidor se encuentra nuevamente cerca del 12% y los tipos de interés en 13,75%. La diferencia radica en otro nivel: el internacional. La economía global, la guerra en Ucrania, la crisis en Taiwán y la creciente tensión entre Estados Unidos y China restringen las oportunidades para la potencia regional que supo sacar rédito de los años de bonanza de las commodities en los 2000.
