La medida de gracia es parte de la negociación del Gobierno con un ala de la oposición de cara a las elecciones legislativas. A menos de cien días de los comicios, el anuncio es justificado como una muestra de la intención de avanzar en la reconciliación nacional. Además de las figuras opositoras encarceladas, el indulto también abarca a diputados refugiados en embajadas o en el exilio.
Las negociaciones entre el oficialismo y la oposición responden a la postura de Henrique Capriles, candidato presidencial en dos oportunidades, quien intenta buscar una alternativa a la estrategia impulsada por Juan Guaidó. El grupo que responde a este último anunció que no participará de las elecciones del 6 de diciembre. En tanto, la Iglesia venezolana y los opositores organizados en torno a la figura de Capriles consideran que, aunque las condiciones sean adversas, sería un error no participar.
Tras el indulto, tanto Guaidó como Capriles celebraron la medida pero insistieron en que no se fían del Gobierno ya que decisiones similares han sido tomadas en otras instancias con el fin cubrir de un velo de legitimidad el accionar del Ejecutivo que conduce Maduro.
Del total de personas indultadas (110), la mayoría estaban judicializadas. A su vez, cincuenta estaban en prisión y fueron puestas en libertad durante la tarde del lunes. Respecto de los miembros de la Asamblea Nacional que han sido sometidos a persecución, sólo veintiséis de los casi cien que figuran en los registros de organizaciones de la sociedad civil han sido indultados. Tampoco se cuentan entre los indultados un centenar de militares acusados y procesados por presuntas conspiraciones contra el Gobierno ni los presos políticos heredados del mandato de Hugo Chávez.
Mientras Guaidó, Leopoldo López y Capriles desconfían de ellos mismos, la estrategia opositora no logra cobrar fuerza. Para algunos, la movilización de la población producto del evento electoral podría generar presión a favor de una salida del conflicto político que azota al país. También hay quienes consideran que el camino a seguir implica no participar de los comicios y organizar un mecanismo participativo alternativo. Los desencuentros sin dudas terminarán afectando cualquiera de las posturas que se tomen. Así, la presión hoy pesa más sobre la oposición que sobre el Gobierno de Maduro.
