El hospital al-Ahli, situado en el norte de Gaza, fue el escenario de la mayor masacre desde el inicio de una nueva fase del conflicto entre Israel y Hamas, el sábado 7 de octubre. Un misil impactó sobre el hospital, matando, a casi 500 personas. El Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás, reportó que había al menos 471 muertos y 314 heridos hasta hoy.
Las acusaciones sobre la responsabilidad del ataque no tardaron en llegar. Mientras Israel acusó a la Yihad Islámica, Hamas acusó a Israel. El gobierno de Israel dijo que se trató de un misil desviado disparado por los terroristas, que cayó en un lugar que no estaba planeado. Hamas y la comunidad palestina dicen que se trató de uno más de los misiles que Israel está disparando sobre Gaza. Acusaciones al margen, la ONG Médicos Sin Fronteras, que tiene médicos en el hospital, calificó lo ocurrido como «una masacre».
Además de lo catastrófico que ya es en sí mismo el episodio, las víctimas no son solo los fallecidos. Tras la masacre de Gaza, médicos contaron que el 80% del hospital había quedado fuera de operaciones, lo que complica seriamente las chances de recibir atención de miles de palestinos que intentan escapar de la zona de conflicto. Además de los pacientes y personal sanitario que había en el hospital, en el interior y al exterior del edificio había civiles -unos 1.000, según los últimos reportes- que buscaban un lugar seguro ante los bombardeos israelíes.
«La masacre en el Hospital Árabe al-Ahli no tiene precedentes en nuestra historia. Si bien hemos sido testigos de tragedias en guerras y días pasados, lo que ocurrió esta tarde equivale a un genocidio», dijo Mahmud Basal, portavoz de la Defensa Civil de Gaza.
