El acuerdo, que lleva casi tres décadas en vigor, tiene por objetivo reducir las chances de una guerra accidental por medio de la habilitación de vuelos de reconocimiento recíprocos en el espacio aéreo de los 34 países firmantes. En su anuncio de ayer, Donald Trump justificó la decisión apelando al incumplimiento sistemático del pacto por parte de Rusia.
De acuerdo con el Pentágono, el gobierno estadounidense presentará hoy la notificación formal de voluntad de retiro. Ello dará inicio a un período de seis meses al final del cual la membresía perderá vigencia.
Este hecho se suma a la renuncia de Estados Unidos de otros dos pactos vinculados al control de armamento durante la presidencia de Trump: el pacto con Rusia de 1987 sobre misiles de rango intermedio y el acuerdo nuclear con Irán firmado por Obama en 2015. De este modo, el pilar principal sobre el cual aún se sostiene el marco de control de armas entre Washington y Moscú es el nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START III, en inglés). Éste fue firmado por Barack Obama y Dmitri Medvedev hace diez años y regula plataformas nucleares estratégicas. No obstante, está estipulado que expire en febrero del año próximo, con la posibilidad de una extensión por cinco años si ambos gobiernos así lo acuerdan.
En lo que respecta al nuevo START, Putin se ha mostrado a favor de una extensión en tanto la administración Trump busca incluir a China en una nueva versión del acuerdo, lo cual hasta el momento no ha prosperado. Restará evaluar si la amenaza de retirada influye en el accionar ruso y dicho giro lleva a Estados Unidos a salvar el acuerdo y permanecer como país firmante. De lo contrario, la erosión del marco regulador en materia de armamento continuará profundizándose, haciendo del mundo un lugar más incierto y -posiblemente- más propenso al conflicto.
