Luego de días de cruces entre la Casa Blanca y los gobernadores de los Estados federales respecto de la vuelta a la normalidad tras la crisis sanitaria, en la tarde de ayer Donald Trump dio a conocer un plan que proyecta la reanudación de la actividad en Estados Unidos para mediados de junio. No sólo se modifica la fecha originalmente concebida por el presidente estadounidense para el 1 de mayo, sino que también ha cambiado el mando sobre la toma de decisiones en el camino hacia la reapertura econoḿica y social.
Serán los gobernadores quienes, habilitados por Washington desde el 1 de mayo, decidirán la estrategia de retorno a la vida “de antes” en cada uno de los distritos bajo su tutela. Avanzando desde esa fecha, implementarán medidas de apertura basándose en los lineamientos propuestos por el presidente anunciados ayer. Éstos involucran tres fases diferenciadas de al menos 14 días de duración en los que los protocolos de distanciamiento y reapertura varían gradualmente.
De este modo, en un lapso de alrededor de mes y medio (dos meses contando desde hoy), Estados Unidos recuperará el ritmo de vida al que acostumbraba, al menos en parte. Los sectores vulnerables de la población deberán extremar recaudos incluso más allá de la tercera fase y los protocolos de distanciamiento físico en lugares públicos seguramente continuarán bien entrado el verano en el hemisferio norte.
Estados Unidos, desde hace semanas epicentro de la pandemia, ya registra más de 30.000 fallecidos y se han confirmado más de 662.000 contagios.
