En lo que pareció un acto de campaña, el presidente estadounidense regresó a la sede del Gobierno y residencia presidencial tras haber pasado el fin de semana en el Hospital Militar Walter Reed. El alta del mandatario fue voluntaria y los especialistas de la salud que trabajan en la Casa Blanca aseguran que aún no se ha recuperado.
Trump recurrió a su canal de comunicación predilecto, Twitter, para informar que volvería a la Casa Blanca. Asimismo, reiterando su característica minimización del riesgo que conlleva el virus, aseguró que la población no debe temerle al COVID-19 ni debe dejar que domine su vida. Su regreso, todavía contagiado, indicaría una violación de los protocolos de seguridad sobre el coronavirus. Es así que el ala oeste de la icónica residencia se ha convertido en un lugar desolado.
Durante su hospitalización, Trump recibió oxígeno y una serie de fármacos aún en estadío experimental. Su médico personal, Sean Conley, ofreció una conferencia de prensa y admitió que el próximo fin de semana será clave para determinar si el presidente se encuentra camino a una recuperación exitosa.
El positivo de Trump, que se estima fue producto del contagio de su asesora Hope Hicks la semana pasada, condujo a una serie de positivos en el círculo más cercano del presidente. La primera dama, Melania Trump, dio positivo en el test de coronavirus junto al presidente el jueves por la noche. La última en informar un contagio ha sido la jefa de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, que en el día de ayer hizo público su resultado del test -positivo, a pesar de no presentar síntomas-.
En medio de la ola de contagios dentro de la administración Trump, el vicepresidente Mike Pence parece haber logrado evitar contagiarse. No obstante, desde el jueves no ha tenido apariciones públicas. A pocas semanas de las elecciones, la campaña republicana parece no poder despegarse de la crisis sanitaria que se ha cobrado la vida de más de 210.000 estadounidenses.
