Donald Trump celebró en la noche del lunes su primer discurso en el Congreso —Senado y Cámara de Representantes— desde que regresó a la Casa Blanca el pasado 20 de enero. Trump sacó pecho de su agenda ultra: alardeó de sus políticas contra la diversidad, la inclusión y la inmigración; al mismo tiempo defendió los aranceles y su posición respecto a Ucrania. «El país ha dejado de ser woke», sentenció el presidente de Estados Unidos a guisa de resumen.
«Hemos logrado más en 43 días de lo que la mayoría de las administraciones logran en cuatro u ocho años, y solo estamos empezando», afirmó Trump.
Trump reivindicó bajadas de impuestos «para todos» y defendió los aranceles que ha aplicado a otros países: «Otros países han usado los aranceles contra nosotros durante décadas y ahora es nuestro turno de comenzar a usarlos contra otros países», afirmó.
En materia de inmigración, Trump pidió al poder legislativo fondos federales para completar «la mayor operación de deportación en la historia de Estados Unidos».
Respecto de la agenda internacional, sobre la que, para sorpresa de algunos, pasó un poco por encima, Trump se mostró conciliador con Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania. Explicó que había recibido una carta del ucraniano en la que se decía dispuesto a negociar la paz con Rusia y a firmar el acuerdo sobre las tierras raras con Estados Unidos que se frustró tras su tensa reunión de la semana pasada en el Despacho Oval.
El mandatario reiteró ante el Congreso su voluntad de controlar el canal de Panamá y el archipiélago de Groenlandia: «De una forma u otra lo vamos a conseguir», amenazó.
