Xiomara Castro ganó la elección presidencial de noviembre con más del 50% de los votos, lo que la convirtió en la presidenta más votada de la historia del país. Hoy, asume el cargo, marcando el regreso de la izquierda a la conducción del país y con muchos desafíos por delante.
El principal parece sin dudas será el combate al narcotráfico. Distintos carteles se han afianzado durante los últimos años en el territorio hondureño e incluso han cooptado a las más altas esferas del poder, al punto de que los últimos dos mandatarios han estado manchados por vinculaciones con el narcotráfico. Esta actividad ilícita ha tomado penetrado en buena parte del país, por lo que su combate será sin dudas la tarea más ardua y determinante que deberá encarar Castro. Pero no la única.
Honduras también registra actualmente problemas de abastecimiento de combustibles y alimentos, con las consecuentes alzas en los precios. Además, aún sigue sufriendo por los destrozos producidos por los dos huracanes que sacudieron al país en 2020. Asimismo, el país caribeño registra uno de los índices de asesinatos más altos del mundo, por supuesto muy justificado en la enorme actividad que tiene el narcotráfico.
Para encaminar su gestión, Castro deberá sin dudas apalancarse en socios internacionales. Si bien sus socios naturales son los gobiernos de izquierda, que vienen ganando terreno en la región, no podrá esquivar la vinculación con Estados Unidos. En aquel país se están tramitando diversos procesos judiciales sobre narcotráfico en Honduras y, además, es el país receptor de miles de hondureños que intentan huir de la violencia que azota a Honduras. En principio, ya hay una buena señal, porque Kamala Harris, vicepresidente estadounidense, participa de la asunción de Castro.
